miércoles, diciembre 26, 2007

Navidad Huaxteca.

Las fiestas decembrinas en la huaxteca hidalguense transcurren entre compras de último momento, visitantes que llegan y se van, decenas de puestos callejeros ofertando toda suerte de mercancía alusiva a la festividad de la natividad. Las antiguas calles donde transitaban carretas jaladas por mulas o caballos ahora se saturan de automóviles, moles de hierro multicolores en todos los tamaños imaginados. Los embotellamientos son un fenómeno reciente, una clase de enfermedad de los nervios para la que se receta una buena dosis de paciencia.

Los nuevos evangelizadores cristianos son los vendedores de discos piratas. En las plazas, mercados y atrios de las iglesias se paran mudos, con su mirada inquisitiva hacen guardia junto a un televisor, en el que aparecen escenas de la vida del Cristo, siempre estoico, siempre sereno y condescenciente. Otros episodios de la biblia son escenificados en tono con las fiestas cristianas. Los campesinos se arremolinan en torno a los improvisados puestos, embelesados, no necesitan leer, es mas fácil ser evangelizados con la mirada, con las imágenes de harapientos hombres blancos que al igual que ellos, claman por el pan nuestro de cada día, por la salvación del campo atribulado, por una vida futura amable para su descendencia. No entienden el español, pero el dramatismo de los actores en el televisor les es familiar, casi pueden anticiparse a los giros de la historia. El evangelizador los mira curioso y a la vez con indiferencia, ninguno de ellos vacía sus bolsos, ninguno de ellos renuncian a las riquezas materiales a cambio de una mansión celestial, y todo por únos módicos veinte pesitos marchante.

Centenares de jóvenes indígenas regresan en la víspera de la navidad a sus pueblos, las terminales de autobuses lucen pletóricas de imágenes caóticas y posapocalópticas. Jovencitos de marcados rasgos indígenas, retornan al pueblo con una estética a la usanza Emo: flequillos estorbando la mirada, delineador negro en las pestañas, uñas negras o por lo menos largas, camisas adquiridas en un tiri tiri capitalino, pantalones chinos imitando las marcas mas reconocidas en el mundo. Tercermundistas emulando la vida industrial de consumo desmedido. Y el náhuatl se les olvida.
Los migrantes también pisan el suelo donde han nacido. En caravana se les ve llegar como hijos pródigos, a bordo de camionetas gringas no legalizadas sustituyen los viajes a caballo, abriéndose paso por antiguos senderos que hoy se sustituyen con una carretera nuevecita en la que se llega al pueblo en la mitad del tiempo estimado, y los militares en mucho menos que eso.
Una mujer mira a su pequeño hijo recargada en la pared junto al tianguis. El niño, con sus mejores ropas, acaricia con la mirada un par de lustrosos zapatos negros recién adquiridos. Absorto no tiene ojos para nada más, son los zapatos mas hermosos del mundo, aunque hayan costado cincuenta pesos en el remate de calzado por fin de año.
Y el salvador nace aquí, en la verde serranía hidalguense, esta vez sin la llovizna anual y una luna regordete, que alumbra los marginados caseríos anticipándose a las elecciones estatales que se aproximan. Habrá que ver cómo nos pinta el año entrante.

martes, diciembre 18, 2007

Acusan a policías de violar a un activista gay.

Javier Chávez (Corresponsal)

Cancún, Q. Roo, 17 de diciembre. Cinco policías municipales secuestraron y violaron a un activista de la comunidad lésbico gay, bisexual y transgénero. El agredido, José de Jesús Medrano Carrillo, interpuso una denuncia ante la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia del Estado.

En su declaración precisó que los policías municipales lo interceptaron anoche en una avenida periférica y lo obligaron a subir a la patrulla, donde fue sometido y obligado a tener relaciones sexuales. Incluso lo obligaron a practicar sexo oral.

El líder de esta agrupación Roberto Guzmán advirtió: “Hacemos responsable al alcalde Francisco Alor de estos actos que atentan contra la diversidad sexual”.

Dijo que a José de Jesús lo pasearon toda la noche y su cuerpo fue mancillado por policías que se encargan de vigilar las calles para disuadir a delincuentes. La identidad de los cinco policías no ha sido revelada y tampoco el ayuntamiento de Benito Juárez ha fijado su postura.

En la prensa local se han difundido manifestaciones de rechazo popular en contra de grupos de artesanos chiapanecos y homosexuales, quienes han efectuado frecuentes manifestaciones para defender sus derechos.
Fuente: Periódico La Jornada.

Despertar.

En un año y medio dejé de leer compulsivamente. Mis libros comenzaron a enpolvarse, los libros prestados se apilaban y se apachurraban como perritos falderos, esperando el momento en que cambiara mi mirada perdida y volteara a mirarles con cariño, acariciando sus lomos para jugar avanzando a través de las horas.

Mis discos dejaron de sonar. Generalmente esperando el timbre del teléfono móvil, siempre a ciertas horas, ciertos días, con la angustia obsesiva de estar siempre presto a contestar las llamadas recibidas.

Pasó un año y medio de mi vida sin viajes fantásticos, aquellos en los que me hacía acompañar de una mochila y tres cajas de sueños, de avidéz por las aventuras, por conocer gente nueva, encuentros que nos tocan el alma y nos iluminan el día.

Dejé pues, en resumen, de vivir, de disfrutar de las cosas pequeñas, de las cosas básicas, las que amo, las que me dan paz y me hacen sentir contento el corazón. Ahora que volví a la soltería, aparte del dolor de la separación, me encontré conmigo mismo, con mi yo habitual y ha sido delicioso, poco a poco irme recogiendo en espíritu, volviendo al punto intermedio de las situaciones vitales. A noche me entretuve mirando un concierto de Ray Charles, fumando un tabaco después del trabajo y ha sido de las actividades mas placenteras que he tenido desde mi ruptura sentimental. El concierto viene acompañado de una entrevista con el maestro jazzista, que ayuda al escucha a contextualizar las piezas, con detalles de su proceso creativo, manías, comentarios sobre sus influencias musicales y sobre todo su fino sentido del humor. Confieso no tener conocimiento de este señor que dicho sea de paso tiene una voz con acento a ghetto, deliciosa, económica, uno de inmediato se siente en una atmósfera íntima, como si de verdad estuviésemos sentados a su lado y lo invocáramos a que nos narre sus anécdotas. El material es muy ilustrativo, ya que cada pieza interpretada en el recital es puntualmente comentada en viva voz. Me enamoré de su versátil música y su personalidad intimista.

Ahora pienso apoderarme una vez más de mi, recoger las piezas de mi corazón roto, tratar de remendarlo y no negar las suturas que se irán formando en el proceso. Entiendo que desde un principio, en el juego del amor salí perdiendo, lo aposté todo y perdí mucho, mas de la cuenta podría decir yo, a fin de cuentas, el amor es arriesgarse. Perdí salud, tiempo, fuerzas, ganas, pero no estoy dispuesto a volver a perderme a mí mismo.

Nuevamente se escucha en mis anhelosos oídos la música que permaneció en pausa tanto tiempo, sacudí el polvo de las palabras que me emocionan. Mis ojos miran con curiosidad insaciable al mundo, y aunque el despertar ha sido lento, disfruto volver a ser yo y no lo que otro monigote quiere para sentirse cómodo.

Habrá que aprovechar estas vacaciones para completar el proceso.

gracias por esperar.

martes, diciembre 04, 2007

Puertos.

Para llegar a mi país suelo tender un puente imaginario. Una red de agua. A veces, incluso, una escalera. Alguien me ha dicho que una escalera sirve para subir o bajar pero no para llegar a mi país, pero yo creo que las escaleras sirven siempre más que para eso. Además, subir o bajar es como ir o volver, como avanzar o retroceder. Y yo pienso que mi país o está adentro de mí mismo, para lo cual tendría que bajar o está arriba de mí mismo, para lo cual tendría que subir. Y para subir o bajar es que se hicieron también las escaleras y los puentes imaginarios. Ayer visité mi país, por cierto. Anduve sus calles y avenidas, conocí sus mujeres, me hice rey en una esquina donde vendían cerveza. Fue todo un derroche. Pero no pude volver. Me quedé atrapado en medio del océano porque mi puente imaginario se rompió, y se rompieron mis escaleras y mis redes de agua, y todo yo quedé partido a la mitad, por la mitad, sin saber ni tener noticias ni de lo que pasaba en la otra orilla donde estaba el otro que soy ni en esta otra donde está este que empieza a nacer.

Rogelio Guedea.

viernes, noviembre 30, 2007

• 1 de noviembre
XIV Velada en Memoria de las Personas Fallecidas por VIH/SIDA
Alameda Central, junto al Hemiciclo a Juárez, Cd. México.
de las 10:00 a las 20:00 horas
Informes: Enrique Adar 044-55-1358 1276,
xiv_velada_sida@yahoo.com.mx

miércoles, noviembre 28, 2007

Stand By.

Después de mi rompimiento sentimental anduve navegando por extrañas aguas que me han traído a las costas de mi antiguo yo. Recuperé las pequeñas cosas, las más básicas que solía entretenerme y provocarme un apasionamiento: la lectura, escuchar mis viejos discos, garabatear palabras en los cuadernos, ordenar mis papeles, sorprenderme con los paisajes, fumarme un tabaco y dejar transcurrir el tiempo con agrado.

Por ese motivo he estado desconectado de esta bitácora que me ha brindado amistades fantásticas y a la vez ha significado una ventana a la sensibilidad ajena. Pero tenganme pasciencia, en unos días daré muestras que les permita saber que sobrevivo.

Hace una hora saliendo del pueblo donde trabajo, una voz en el audio instalado en la galera municipal de la localidad anunciaba la filmación de las danzas xantoleras (de día de muertos), es en diciembre, en distintos días cuando se celebra el famoso destape de los disfrazados, los danzantes que celosamente ocultaban su identidad en la festividad de día de muertos, vuelven a danzar y esta vez deprovistos de sus máscaras. Me pareció escuchar que personas de la UNAM estaban en el pueblo para documentar el estilo local de las danzas. Un hombre regordete con una enorme cámara de video apuntó a mi dirección y luego se quedó inmovil observando detrás del lente un arroyo y la espesura verde.

El viernes organizé a mis alumnos para hacer un evento conmemorativo al día mundial de la lucha contra el VIH-SIDA. Ya les contaré de las experiencias.

Un abrazo y gracias por los comentarios.

martes, noviembre 13, 2007

Martes 13.

A Tomas Tovar Sánchez.
Es martes 13 y el amor desvanecido. Se negó a mis muchos besos, selló su boca a los te amo, con la lengua muerta caminó por mi vereda reverdecida mas sus ojos nunca volvieron la vista atrás.
Uno a uno llamaré a mis amantes. Perfumaré sus cabellos con aceites, endulzaré sus labios de mieles,
abrigaré sus cuerpos tibios con mis flacas pieles.
Soy un siamés al que le duele la herida.
Busco ami gemelo
¿dónde estás querido mío?
¿qué filosas formas nos han separado?
Me dueles aquí, en el vientre.
El puente entre nosotros ha caído:
sangre, pus y carnes podridas emergen en las ruinas.
¡ven amado mío, unámonos sin duelo!
Residuos de ti habitan mi cuerpo,
eres mi ombligo, negémonos al alimento materno:
parásitos perfectos.
Transito por las arenas del tiempo.
¿qué es el antes y el después en estos suelos?
vislumbro dunas y un cielo estéril, basto, hueco y este tintineo
de mis dientes enfurecidos de frío.
Amado: uno fuímos ¿de qué sirve el recuerdo?
sombras somos
aparente movimiento y en la ilusión,
intento reconocerme en tu silueta tenue.
¿dónde tienes el ombligo?
¿cuál es tu escondida raíz?
Los amantes se han ido como la noche
y su eterno castigo.
Mi llama florece.
Mañana se renovará la jornada.
¿a dónde vas amado mío?

domingo, noviembre 11, 2007

Las andanzas de los coyotes.

En la mañana de ayer salí a la tienda, cruzando la carretera nacional México-Tampico. De regreso la señora que tiene una humilde cervecería me preguntó por mi perra "chocoyita" (cobre), refiriéndose a la "Coyota", una perrita que mi madre había rescatado de la calle y cuya jovialidad y atléticas formas nos había robado el corazón. Orgulloso le respondí que descansaba en casa, ante lo cual con un dejo de ironía me dijo que eso era mentira, la coyota yacía muerta a unos cuantos metros de la carretera.
Presuroso alzé la mirada y la encontré con la lengua de fuera, con un hilito de sangre saliendo de sus fauces nasales. Se me hizo un nudo en la garganta y me seguí de largo rumbo a la cabaña pensando en la forma en que le rendiría homenaje a nuestra mascota. Todavía alcancé a oír a la señora decirme que debía enterrar el cuerpo para que la mala suerte se me fuera, que no debía dejarla así no'más aventada, que había que ponerle flores.
Con lágrimas en los ojos le dí la noticia a mi madre. A fin de cuentas ella había sido quien la adoptó y la hizo formar parte de la familia. Ambos lloramos. Colgué el teléfono y a lo lejos vi venir a la señora con su hija mayor andando con una carretilla. Por solidaridad y con solemne respeto me entregó los restos de la coyota. A una distancia prudente aguardaron mientras tomé la estafeta y me dirigí a un paraje próximo a un arrollo seco. Creo que le habría gustado el hermoso paisaje donde la sepulté, a un lado de las gruesas raíces de un árbol que se asomaban violentas e intrincadas. Los otros perros callejeros que llegaron a vivir a la casa me siguieron. Con morbosa curiosidad la olfatearon y retrocedieron.
Ese último día que la vi con vida me acompañó a tomar el pesero que me transportaría al trabajo. Toda la mañana el perro pinto que habita con nosotros estuvo auyando. Cuando me acerqué a la carretera de veras chillaba de desesperación y llamaba a ladridos a sus congéneres. Jamás se acercó a la vía, algo intuía, la tragedia le había llegado con anticipación, y por mas esfuerzos que hizo jamás pudo persuadir a la coyota de volver a casa. Ahora le tengo mucho aprecio a las premoniciones del perro pinto.
Y es que la coyota me fascinaba por su espíritu calmo, su perfecta alegría, dormía de espaldas con las patas extendidas al aire y la lengua de fuera. Pero el nombre ha sido lo que más nos unía. En mi etapa universitaria edité una gaceta contracultural a la que llamé "Coyote Urbano", difundíamos pintura, poesía y narrativa local. Por aquellos años fue cuando conocí al maestro Astorga. Fincamos una amistad muy sólida que se ha alargado hasta la fecha, y para Javier yo soy el coyote vagabundo que constantemente agarra camino y se pierde en la espesura o en los desiertos espirituales de la vida. Fue por esa mala costumbre de andariego que me perdí de casi dos años sin dejarles rastros para localizarme hasta el día de los muertos, cuando mi ánima tocó al timbre de su casa y celebramos a los iluminados.
No pudo ser mejor el recibimiento. Su familia entera me tiene un especial cariño. Bebimos unos tequilas y nuestra conversación no se detuvo hasta la media noche. Saltamos alegres de un tema a otro, de experiencias, de triunfos, de sueños rotos, de pérdidas, de comienzos y de la vida. Al anochecer hicimos una pausa para recoger en el aeropuerto a un escultor francés que pasó la noche en la casa Astorga, en el corazón de Xochimilco. Al día siguiente partió con rumbo a Comitán donde fue requerido para presentar una obra.
La familia de Tomás se superó a si misma con las atenciones que tuvieron para mi. En la visita anterior me vine con un buen sabor de boca. En esta ocasión celebraron varias comidas en mi honor y el del familiar consentido, adoro esa convivencia chilanga, donde todos son invitados al convite, todos aportan con algo, todos bromean mientras comen y beben, es delicioso romper los formalismos y rescatar lo humano.
Alfredo fue el primer hermano que conocí de Tomás y aunque nuestro primer encuentro fue muy accidentado, tenía fe en que el tiempo iría desgastando los prejuicios de la siempre molesta primera impresión. Nos consintió con una borrachera y unas comilonas antológicas. En una marisquería cercana a su departamento llevamos a sus hijos (que adoro y para quienes desde el primer momento fui el tío charly), donde para la mala suerte de nuestras voces poco entonadas, el ambiente familiar se armaba con el karaoke.
Tomás me cantó nuestra canción a petición mía. Detalles que disipan los momentos grises y que aclaran la vista y al corazón.
Este coyote continúa vivo, con las mismas ganas iniciales de recorrer mundo, recorrer la vida, pero confieso, el paso ha sido mas lento, mas cauteloso, deseo regresar a esos orígenes, a mi idealismo juveníl, a mis eternas contradicciones, a mi camaleónica forma de ser. Este viaje fue de redescubrir, de inicios y de fines gozosos.
Sigo siendo el coyote urbano que habita las azoteas de Cd. Nezahualcóyotl, auyando nostálgico a la luna de mil desventuras. ¿Pueden oír su lamento?

martes, noviembre 06, 2007

Antecedentes prehispánicos del Día de Muertos.

Dentro de la cosmovisión que tenían los antiguos nahuas de los diversos fenómenos naturales, vida y muerte eran temas de gran importancia. en este sentido, la muerte era concebida como una transición entre la vida en la tierra y una nueva vida en el más allá, en compañía de los dioses.

Para los antiguos mexicanos la opocisión entre la muerte y la vida no era tan absoluta como para los contemporáneos. Y a la inversa. la muerte no era el fin natural de la vida, sino la fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección eran recintos de un proceso cósmico que se repetía insaciable.

Son muy pocas las referencisa de las festividades dedicadas a los muertos en la época prehispánica, según las diferentes fuentes, se realizaban en diversos meses. Estas festividades eran muy solemnes ya que al mismo tiempo se rendía culto a un dios, se entonaban cantos, se danzaba, se ofrecía todo tipo de ofrendas a las imágenes de los dioses y a las sepulturas de los muertos: flores, frutas, legumbres, gallinas, maíz, vestidos, mantas e incienso. Sacrificaban jóvenes doncellas o esclavos de acuerdo al carácter de la festividad y al dios al cual se le ofrecía culto.


Fray Diego Durán refiere que en el ritual indígena nahua habían dos fiestas en las que se le rendía culto a los muertos, en primer término, estaba el "Miccailhuitontli o fiesta de los muertecitos", que se conmemoraba en noveno mes, donde se recordaba a los niños muertos con ofrendas y sacrificios en su memoria.


La segunda celebración se conocía como "La gran fiesta de los muertos Hueymihcailhuetl" que suignifica "cuando cae", y se llevaba a cabo en el décimo mes del año, Xocotl Huetzi. estas celebraciones además de dedicarse a los muertos eran propicias a la agricultura.

En la actualidad, aunque se encuentra fusionada con el catolicismo, esta celebración conserva mucho de la influencia prehispánica del culto a los muertos, lo cual se puede observar en Tláhuac, Xochimilco y Mixquic, poblaciones cercanas a la Ciudad de México. En el estado de Michoacán las ceremonias más importantes son las de los indios purépechas del famoso lago de Pátzcuaro, especialmente en la isla de Janitzio. Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en poblados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca y en Cuetzalán, Puebla, así como en las diferentes regiones de la Huasteca.
Sobre los altares, singularmente adornadios con flores de cempasúchil se encienden velas de cera, queman incienso en bracerillos de barro cocido, colocan imágenes cristianas: un crucifijo y la Virgen de Guadalupe, así como retratos de sus seres fallecidos. Los demás elementos consisten en alimentos sólidos preparados con productos de la región, botellas de bebidas embriagantes, vasos conteniendo agua o jugo de frutas, los llamados panes de muerto adornados con azúcar roja que simulan la sangre, galletas y dulces hechos con calabaza.
Sin duda alguna, la celebración de "Dìa de muertos" en México es una de las fiestas más importántes en muchas comunidades indígenas y mestizas, no obstante que no es una tradición con rasgos netamente prehispánicos, sino la fusión de dos tradiciones de mundos diferentes: el indígena y el español, representado por la religión católica. Es en sí, una mezcla de elementos culturales que da por resultado una de las fiestas mexicanas con mas trascendencia, con un toque característico de diferencia de cada región.
Haciendo una confrontación de los cultos prehispánicos y la religión cristiana, ésta sostiene que la muerte no es el fin natural de la vida, sino el paso a la vida eterna en una estadía con Dios, El concepto prehispánico, refiere que el sacrificio de la muierte-el acto de morir-, es el acceder al proceso creador que da la vida. El cuerpo muere y el espíritu es entregado a los dioses como la deuda contraída por habernos permitido vivir.
La única diferencia es que el cristianismo modifica el sacrificio de la muerte. La muerte y la salvación se tornan personales, para los cristianos el individuo es el que cuenta. Sin embargo, las creencias vuelven a fusionarse en el sentido que la vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte.
Suplemento Cultural. periódico ZuNoticia. 1 noviembre de 2007.

domingo, noviembre 04, 2007

En tránsito

Esta alma en pena está en la ciudad de México, transitando con tufo a tequila en la boca, con los ojos vidriosos, tembloroso y los dedos amarillentos por la nicotina. Me regreso esta misma noche y no quisiera hacerlo, pronto vuelvo por esta bitácora con las crónicas de estas mini vacaciones chilangas, estoy muy contento, me reencontré con el Maestro Javier Astorga, en fin, hartas experiencias por acá.

jueves, octubre 25, 2007

Canto a la vida.

Me he mirado al espejo y desperté. Me reconocí en la imágen reflejada sobre esa empañada y polvorienta superficie brillosa porque al mirarle a los ojos emergió tímida mi apesumbrada alma (su habitual nostalgia parecía emanar por los ojos9. He visto mi rostro desfigurado, putrefacto, envejecido, enmohecido, con las cuencas de los ojos desbaratadas, mechones aquí y allá sin ningún orden en específico, los dientes asomando, los labios hinchados. Donde antes había lozanía, suavidad y pulcritud hoy amaneció lo nauseabundo, lo putrefacto, lo descompuesto.Y me gustó mi rostro nuevo.

Desde hoy echo fuera de mí toda hipócrita vanidad. Dejaré escalar por la cima de mi frente a la calvicie, dejaré que invisibles ganados pasten a tavés de la cabellera, llamaré a los piojos, a los ácaros, a las moscas ávidas de un nido seguro para sus bástagos. Odiaré los shampoos, los jabones perfumados, las peinetas, las tijeras infames: castrantes represoras de mis rebeldes cabellos.

Jamás disimularé el hedor de mis secreciones, las aspiraré gustoso, a placer, aprendiendo a convivir con el añejamiento de mis sudores, de mis gases, del semen reseco, de la saliva amarga, pastosa y sincera. La verguenza huirá ruborizada de este cuerpo que acepta su decadencia, que le extiende los brazos fraternos a las edades, a los tiempos, al envejecimiento, a la suave muerte: compañera, amada mía, yo quiero sentirte mas cerca, llámame al oído, revélame verdades crudas, horrorízame con visiones, enchíname el pellejo con tu gélido hálito.

Permitiré a mis carnes caerse, desparramarse y dejar como la fruta, esperar a que un tono amarillento o verdoso o violeta las decore, seré lienzo putrefacto, arte efímero, oda violenta a la vida, porque tú, él, los otros, espectadores de la vida, no han aprendido a amarla. No rehuyas de ella, permítele germinar en tí, extenderse por tu cuerpo, encenderse de verdad, ¡inceneremos nuestros conocimientos fatuos, nuestro orgullo desmedido, nuestra vanidad banal en la hoguera de la certeza mortal!

Le permitiré a mi abultado vientre florecer como un capullo, estallar en un fermentado festín para los gusanos convocados, ¡acérquense hermanitos, apresuren sus pasos al convite, nútranse de mi, los jugos están prestos, la carne ha sido cortada, la orgía dispone!

Vida, ven a florecer en mí, blánquea mis huesos, despojame las carnes, la grasa, la sangre y encuentra profundidad, trae contigo al gusano, a la mosca, al roedor, a los invisibles convidados, ábrete paso en mi, a través de cada poro, de cada hoyo, cava en mi piel, reviéntame, fertiliza el campo donde descasen mis despojos, extiéndete aun mas allá, pulveriza mis huesos, invita al viento, espolvoréame por el mundo, permíteme seguir viviendo de otro modo, en otro tiempo.

Amanecí inmortal. ¡cuánto amo la vida!

domingo, octubre 14, 2007

Niños y la guerra en Chiapas.

"Sus ojos no son como los de nosotros”

Con la nueva estrategia gubernamental de militarizar el país, por la supuesta “guerra contra el narcotráfico”, día a día la vida de cientos de niños, mujeres y hombres se ve trastocada por las fuerzas armadas con cuarteles y retenes fuera de sus casas. Para comprender qué significa esto, ¿quiénes mejor que los niños zapatistas de Chiapas? A 12 años de la entrada del ejército federal a su territorio, los niños y las niñas siguen expresando temor ante metralletas, tanques, helicópteros y soldados.

Desde la perspectiva de los niños de una cierta comunidad zapatista (que mantenemos aquí en anonimato), el llamado “retén militar” es un cuartel con pista de aterrizaje; barracas donde viven los soldados desde 1995, y puesto de control y revisión. Alrededor de él hay negocios clandestinos donde se vende alcohol y droga, algunas casas que alquilan cuartos para los turistas que llegan a pasear a la cascada y casas de prostitución administradas por gente ajena a la comunidad.

“Los guachos (soldados) viven ahí, ahí lavan, se bañan, juegan cartas” ROLANDO 11 AÑOS.

“Todas las noches ponen música, se ponen bien bolos (borrachos). Mi papá apaga la luz para que no sepan que estamos despiertos y quieran molestarnos” PATI 9 AÑOS.

“Cuando paso con mis hermanas y los soldados se están bañando, nos gritan para que los veamos, nos invitan a bañarnos con ellos (…), nosotras corremos” LETICIA 12 AÑOS.

“Traen a sus mujeres, son como sus esposas, pero cada semana cambian” ROSA 12 AÑOS.

Algo que vale la pena resaltar sobre el retén militar es que las tropas federales se renuevan cada mes, al parecer para que no crezca un lazo afectivo con las comunidades. Los niños hablan de estas diferencias de una manera muy particular, por lo que dicen sus mayores y por lo que ven:

“Dice mi abuelito que antes los guachos venían de comunidades pobres, ahora vienen de la ciudad” BETO 11 AÑOS.

“Los guachos son muy grandes, sus ojos no son como los de nosotros, parecen ciegos” SEBASTIÁN 10 AÑOS.

Cuando llegó el ejército a la comunidad, en 1995, los soldados venían de Chiapas, Oaxaca o Guerrero, situación que les permitía una cierta identificación con la gente, lo que provocó que hubiera muchas deserciones. Un abuelo nos contó que “los primeros soldados, capitanes incluso, se despidieron antes de irse y hasta les pidieron perdón”. Sin embargo, desde 1998 los militares que llegan a ocupar el cuartel son de estados del norte, como Chihuahua, Sinaloa, Sonora, cuyas diferencias culturales y físicas son tan marcadas que no existen puntos de relación.

“Cuando llegaron los soldados, nos tuvimos que ir a la montaña; mi mamá dice que estuvimos allá arriba como una semana, yo era tut alal (bebé) todavía, por eso tenía miedo y lloraba mucho; fue en febrero, hacía mucho frío” CRISTINA 11 AÑOS.

“Cuando llegaron hacía mucho viento, volaban aviones bajito, bajito; traían tanquetas, ametralladoras, disparaban al aire; todos corríamos, los priístas se encerraban en sus casas; nosotros nos tuvimos que huir a la montaña, nos querían matar” JULIÁN 12 AÑOS.

“Cuando regresamos de la montaña, dicen que mis abuelitos lloraron, los soldados quemaron todo, construyeron el retén en los solares de mis tíos porque sabían que éramos zapatistas y ahí siguen en nuestras tierras” JUAN MANUEL 11 AÑOS.

“A mi tío lo persiguieron los perros, unos perros negros que los soldados soltaban todas las noches. No podíamos salir de nuestra casa, ni encender velas, ni hacer ruido” MIGUEL 11 AÑOS.

“Antes de que llegaran los guachos, dice mi abuelito que tranquilo caminabas por la montaña, no había carretera; sí pues, se necesitaba la carretera para sacar los costales de café, pero no se necesitaban soldados” BETO 11 AÑOS.

A pesar de que para muchos niños el retén y los camiones militares forman parte del paisaje de su comunidad, son un referente de agresión al que no pueden acostumbrarse.

“Yo estaba muy chiquito, pero me acuerdo que para ir a la milpa teníamos que caminar mucho por un camino largo de tierra blanca, finita (…) y los soldados ya estaban ahí, apuntando con sus armas” ROLANDO 11 AÑOS.

“Cada mes cambia la tropa, llegan un chingo de camiones llenos de soldados; cuando pasan mi hermanito Milo se asusta y se esconde en la leña” JOSUÉ 9 AÑOS.
Suplemento La Jornada del Campo. 9 de octubre de 2007 Número 1

jueves, octubre 11, 2007

La tumba.

Despuntaba el alba camino a la milpa. El temporal había sido bueno, abundantes lluvias reverdecieron los plantíos, altivas matas de maíz se levantaban mirando al cielo, como antiguos monolitos semienterrados en la tierra, mudos testigos del ciclo de la vida. Su fiel compañero hurgaba aquí y allá los rastros del tlacuache, de las liebres, de los hurtadores pasos ajenos que acuden cuando la noche está quieta. Laborioso se fue alejando con su alegre trote habitual.



En su mirada se concentraba el tierno verde mientras una sensación de orgullo se le formó en el pecho en forma de un vuelco del corazón. La amenaza de sequía le había quitado el sueño de interminables noches y esa mañana sus marchitas esperanzas semejantes al quelite se renovaban. La gente de razón se había equivocado, con todas sus letras y estudios, con toda su ciencia, no habían sido capaces de adivinar el clima, se han olvidado de las nubes, de la dirección del viento, del color de la luna, de la pequeñez de las hormigas, se olvidaron de observar el transcurso del tiempo. Todo lo quieren rápido, no tienen paciencia, no escuchan la voz del viejo.



De regreso a casa lo encontró tendido en la carretera. Ninguna lágrima escurrió por sus resecas mejillas, ninguna exclamación brotó de sus labios, antes bien su rostro endureció sus facciones. Se inclinó muy lentamente ante aquél cadáver cotidiano, ajeno al mundo sacó de su morral una soga vieja y con cuidadoso respeto, con gratitud y serenidad ató aquel cuerpo deformado en un arrebato de violencia.



Sus débiles piernas avanzaron con dificultad, se notaba el cansancio de sus huesos en su marcha fúnebre. El sol comenzó a calentar con potencia y el lodo que dejaron los recientes días de lluvia se secaba gradualmente para teñirse de rojo pardo, detrás de él un largo rastro de sangre le devolvía las fuerzas a la tierra, la involuntaria ofrenda atrajo desde lo alto, la certera vista de los zopilotes que comenzaban a planear en círculos, como un torbellino lento, pesado, mortuorio.


Cuando pasó a mi lado evitó el saludo, cavilando en sus propios pensamientos se siguió de largo y se internó en el monte que se formó detrás de mi casa, ignoro si lo hizo al azar, si ha sido premeditado, si sus pasos actuaron automatizados, o si fue el destino quien le ha traído hasta mi con los despojos de su historia. Sin pudor ni vulgares sentimentalismos desató el cuerpo inerte y sin prisa se dio media vuelta vislumbrando el retorno al camino, esta vez apoyado de una vara que le sirvió a manera de bastón, y en ese momento me pareció aún mas viejo. Desde entonces el cadáver en el zacatal se descompone en el traspatio de mis memorias muertas.

jueves, septiembre 20, 2007

Luz.

Aprendió a caminar acompañado del miedo.

Sus ojos se velaron a penas se asomó al mundo, una película blanca opacó su mirada, dos ventanitas en las que no se podía ver nada, lucesitas traviezas que no iluminan, asomarse a aquéllos ojos era semejante a intentar fijar la mirada en un foso en el que no se puede vislumbrar su fondo, ni una emoción se adivina, ningún pensamiento danzarín revolotéa en la expresión de sus ojos. El mundo se hizo siluetas, formas que se adivinaban con el tacto, sonidos que se antalogaban en una frágil mente infantil.
Condenado a depender de las manos de los otros, perfectos desconocidos de quienes se familiarizaba en el momento justo en el que su piel hacía contacto con la otredad, en un desfile interminable de tamaños, formas, texturas, olores, sonidos que de algún modo dotaban a los otros de bondad, maldad, solidaridad, indiferencia, ternura, amistad e incluso de pena que para quienes atestiguaban su caminar siempre temeroso, siempre azaroso.
Y es que aprender a andar se antoja una tarea dolorosa en todo momento. Unas manos suaves, acolchadas, mimosas, cálidas lo persiguieron en su primer marcha, pero adivinaba el terror de aquéllas manos por perderle, por dañarle, había en su tacto un dejo de nerviosa inseguridad. Andar en la vida fué aventurarse a domesticar lo desconocido, aprender a reconocerlo con mansedumbre y tanteos.
Con el tiempo resulta mas fácil dejarse conducir por otros, por aquéllos que han experimentado al mundo y han podido mantenerse en pie, se gana seguridad, ni siquiera es necesario hacer un intento verdadero por tomar la iniciativa, mucho menos tomar riesgos, se coloca la mano en otro hombro y la locomoción es casi instantánea, a veces lenta, a veces a marcha forzada, e incluso hay veces en que se avanza veloz, sin importar lo intrincado del camino, lo sinuoso no representa un desafío porque los que caminan con miedo se toman el tiempo para costumbrarse a aquello que les asusta, se tantea el terreno, se husmea el exterior con la nariz respingada y aspirando hondo, tratando de asignarle forma, color, olores, texturas y nombre a las cosas.
La saña de los años le cambiaron la textura de la piel. La lozanía de la primera infancia desapareció y apareció bajo la luz de su conciencia lo arrugado que es el tiempo, y su carácter irreversible: al despertar, se afanaba en estirar la piel de su frente alta en vano, su piel se reagrupaba, se buscaba con una inmantada fuerza. Su voz también se marchitó: la gente en el microbús dejó de regalarle monedas a cambio de un rasgeo disparejo en las cuerdas de una guitarra de segunda mano. La potente voz de su joven compañero arrancaba suspiros y tarareos incomprensibles para sus cansados oídos, esta vez trató de ponerle un nombre a ese canto pero esta vez se le escaparon las palabras.

martes, septiembre 18, 2007

Muñón.

El muñón que apareció donde antes solía haber una mano, hurga con insistencia entre los desechos, obstinado en asirse de objetos convexos, como una natural predisposición son las curvas las sensaciones que aprecia, las tiene en mucha estima, las añora con una curiosidad enfermiza.
Quizá se identifica con la basura donde suele pasar horas enteras en una rutinaria tarea de reconocer toda suerte de objetos curvilíneos, clasificarlos, atesorarlos, reordenarlos; a fin de cuentas la metamorfosis de mano a muñón lo convirtió en un despojo, ha muerto su antigua naturaleza, es pasado, es materia conservada en el formol de un estudiante de medicina. Se reconoce a sí mismo como algo que era, que tenía perfecta forma simétrica, a veces el recuerdo penumbroso de una compañera le parece un mal sueño, una ilusión pasajera, un intento de aliviarse el dolor, una amarga ironía.
El dolor es su compañero indeseable desde su nacimiento, a veces es como un vestigio, como una ligera consciencia que emerge desde la amnesia de haber sido algo, pero de quien ya no se puede saber más porque sus restos arqueológicos fueron saqueados, echados al olvido, cicatrices queloides obscurecen más su identidad. Y sin embargo cuan insoportable le resulta la sensación del gélido hierro aserruchando el hueso, el tuétano, los tendones, la ilusión.
Ese eterno frío se le mete debajo de la piel desde la temprana mañana, cuando el sereno humedece los sueños, cuando las arañas vigilan el manto variopinto que aparece en los cielos. Y si soplan los vientos del norte, se derrumba en quejidos, en escupitajos y maldiciones que estallan contra el cielo, interrogantes que demandan airadas respuestas, porque el destino de vivir entumecido de múltiples dolores lo distraen de sus cavilaciones y su mirada regresa del pasado para posarse en los analgésicos para esa ausencia que cercena al alma, ¿acaso existe el alma? ya no importa.
Y así el tiempo lo alcanza con el último escalofrío, aquel que endurece aún más las carnes, que inmoviliza la añeja curiosidad por redescubrir el mundo, en el paroxismo de su suplicio, entonces, el descenso vertiginoso, las imágenes del ser perdido, la liberación de las congojas, el suave susurro del descanso, del alivio, la calidez de las renegridas sábanas, la lluvia, el tibio olor de la tierra que se moja, la última curva a la que se aferra: la guadaña de la muerte.

domingo, septiembre 09, 2007

Resina.

Esta tarde, mientras limpiaba la casa, observé que un madero que forma parte de la pared de mi habitación sangraba, un líquido color ámbar se cristalizaba al contacto con el aire, semejante a las lágrimas.
Entonces comprendí que ciertas heridas no sanan con el tiempo. Muchos años después del trauma, aún cuando la piel pareciera sana y cicatrizada, conforme nos añejamos, las heridas pueden volverse a abrir y deshacerse de restos que en el pasado no pudieron escapar.
Las heridas que he recibido ahora que me doy el tiempo de vivir el amor, se que sanaran con el tiempo, ese viejo aliado que siempre pone las cosas en su preciso lugar, pero también reconozco que el tiempo no podrá hacer todo el trabajo. Me exige hacer mi contribución, esforzarme a sanarme las heridas, a relamerme con mi lengua salada, a concentrarme en la profundidad del dolor. Y mañana quizá, estas cicatrices vuelvan a abrir sus entrañas, vaciar la amargura, la desolación, la autocompasión. Para cuando eso suceda, quisiera que mis dolores se cristalicen en gemas de resina, y así pulirlas hasta que brillen, y atarles un cordón para colgarlas en mi cuello, y así andarme paseando por la vida con mis penas expuestas, atesoradas, abrillantadas.
Hoy amanecí con un tono amarillento en la piel. Ya casi no tengo movimiento.

sábado, septiembre 01, 2007

Miquel Barceló

Marche de Shanga, Vendeuses de Papayes.

Marche de Shanga, l'Echarpe jaune.


Marche de Shanga, la Jupe verte


Marche de Shanga, Vendeuses de Tomates.