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martes, diciembre 02, 2008

Musica y corporalidad desde nuestros pueblos.




Estos son los participantes en nuestro taller programado en el marco de las actividades del 9o congreso unternacional de psicologia de la liberación. todos ellos hermosos.

Antonio Salazar.



Al maestro lo conocí en la alameda central del Distrito Federal, cuando fue la preconferencia de VIH-SIDA. Mago con el manejo de las imagenes, ilusionarias, hipnóticas, subliminales. Da gusto saber que ha hecho buenas ligas con Octavio Sánchez, coordinador de este evento en la perla tapatía.

jueves, noviembre 13, 2008



Me gustaba jugar con las cochinillas, molestarla hasta hacerlas rosca, y esperar, pacientemente, a que desdoblaran su dorso patuno para volverlas a enrollar con los dedos frágiles, cautos. la palma de mi mano convertida en un pozo,en la cóncova cancha de futball donde rebotaba la infortunada cochinilla.

viernes, septiembre 19, 2008

Mi hermoso sobrino Cicharrín.




Condenado chicharrín, por fin nos vemos las caras, tantos meses esperando tu llegada, que bueno que me avisaste con el pensamiento que ya estabas en camino, me habría dado harta muina no haber estado con tus amorosos padres pa darte la bienvenida a este mundo, que si no es perfecto, te prometo que aprenderás a amar y a trabajar sobre el para que sea el mundo que tu quieras para tí.
Te amo desde mucho antes de haberte mirado a los ojos, en ellos reconozco mi sangre fluyendo dentro de tí, mi historia, mi justificación para estar aquí.
Soy tu tío Carlos, el que te prometió muchos viajes juntos e irreverencias para compartir. Espero que tu vida sea buena, y cuando me necesites solo piensa en mi. Allí estaré viviendo en ti, en tus pensamientos.
Sabiduría para vivir te deseo.
Gracias por existir.

jueves, agosto 21, 2008

Chicharín.


Les presento una imágen no muy nítida de mi sobrino Chicharín, nacerá a fines de septiembre o inicios de octubre. Tiene mi naríz!!

viernes, julio 11, 2008

Don't stop the revolution.


Petroglifo.



Una de las cinco figuras que encontré en una piedra en el pueblo de Tecolotitla (lugar de alacranes bajo las piedras), Atlapexco, Hidalgo. México. Pueblo en el que se fincaron mis raíces maternas, y de las piedras brotó mi sangre india, mi sangre mestiza.

jueves, mayo 29, 2008

Memoria gráfica del IV seminario internacional Diálogos con la psicología Latinoamericana.

Es tradición de los huastecos hidalguenses que se toque "el canario" en sus festividades y que se corone de flores a las visitas importantes para el pueblo, se les coloca al cuello uno o varios rosarios hechos florales y se les da un bastón de mando hecho con totomoxtle (la hoja de la mazorca del maíz) y flores. En la imagen, Katia (Cuba) es recibida por una comitiva de alumnos en la preparatoria rural donde laboro, único bachillerato que fué sede del Seminario.

Martha Raquel (Uruguay)posa conmigo en uno de los ejercicios con los alumnos.

Martha escucha atenta las conclusiones del árbol de la vida que un grupo de alumnos diseñó en torno a las adicciones.

lunes, abril 21, 2008

En algunas culturas, las fotografías son una especie de hechizería, después de todo una extraña caja que dispara rayos de luz, se roban los rostros y la esencia de todas las cosas. Esa desconfianza inicial, ese nuevo esquema atemoriza a cualquiera, la tecnología, la novedad siempre causa intimidación.
En nuestros pueblos indios sigue sucediendo. Con el paso de los años la cámara fotográfica ha pasado a ser integrada como tecnología en las familias y en las comunidades, significa un archivo personal y comunal de la historia del pueblo, de sus costumbres, fiestas, de los eventos significativos, testimonios en papel de su existencia, una reafirmación de la identidad. Y sin embargo, aún genera desconfianza posar ante la cámara. Al revisar los archivos familiares, o si la confianza y la amistad lo permite, nos asomamos a los archivos fotográficos de vecinos y amigos, observaremos tal desconfianza en la rigidez de la postura, que varía muy poco de archivo en archivo: los brazos pegados a los costados del cuerpo, con fuerza, como si el alma se les fuera a escapar por la piel. El rostro jamás sonríe, solemnes miran a la cámara con el miedo asomando por la ventana de sus ojos. Aún si es boda, un bautizo, la graduación de los hijos, la sonrisa negada muere en la tensión de dos labios ciñéndose uno al otro, herméticos, morados de temor.
Muchas veces intenté fotografiar a mi abuelo, como un paparazzi lo perseguía por la huerta, intenté persuadirlo con palabras tiernas, lo sorpendía in fraganti, como no queriendo la cosa, pero todo había sido inútil, a lo máximo que había llegado era captarlo en movimiento, ocultando su rostro, dando la espalda, inclinándose al piso.
En los días de descanso propios de la Semana Mayor conversábamos en el patio de la casa de mis abuelos. Mi madre me pidió que con la cámara integrada al teléfono móvil, fotografiara a mi viejo. Para mi sorpresa, dócilmente aguardó el largo minuto en el que enfocaba su imagen. En el último momento: esbozó una sonrisa acorralada.