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lunes, marzo 10, 2014

El movimiento agrarista en Tanlajas y la formación de los ejidos. 1930-1945

En Tanlajas, hacia 1930, la mayoría de las propiedades estaban en propiedad de rancheros y hacendados. Pocas eran las propiedades que estaban en posesión de comunidades indígenas, en ese momento solo existían dos comunidades con plena posesión de su territorio. Estas eran la comunidad de Ojox y Jomte. Estas dos comunidades habían comprado la tierra en que estaban asentadas. Mientras que la mayor parte de la tierra estaba repartida entre los ranchos y haciendas en propiedad de los mestizos. 

Entre los mestizos del municipio la familia Larraga se destacaba por la posesión de varias propiedades, como la hacienda de San José del Tinto, La Labor, San Nicolás y La Concepción. Esta familia además jugó un papel importante durante la revolución en la huasteca potosina. El líder de la familia fue sin duda el General Manuel C. Larraga. Además de esta familia había otras familias de pequeños ganaderos que tenían algunas posesiones a destacar como Enrique Oliver socio mayoritario de la Compañía Agrícola de la huasteca. 

Este panorama va a cambiar radicalmente en un periodo aproximado de 15 años. En este dicho lapso se formaron 14 ejidos dando lugar a una importante redistribución de la tierra. El periodo de reparto agrario más intenso se dio entre 1938 y 1945, que coincide con el periodo del reparto agrario de Lázaro Cárdenas, inicia justo cuando tiene lugar el conflicto entre Cárdenas y Saturnino Cedillo pero continua hasta el periodo en que Miguel Alemán que comienza a tratar de frenar la reforma agraria y comienzan a publicarse los certificados de inafectabilidad ganadera. Es también la etapa de la consolidación de Gonzalo N. Santos en San Luís Potosí. Por tanto el movimiento agrarista en Tanlajas tiene que verse dentro de este contexto que describimos mas detalladamente en el primer capitulo. 

El periodo que va de 1934 a 1940 es llamado por algunos autores acertadamente como la era ejidal. Debido a que durante el gobierno del presidente Cárdenas se dio no solo el reparto agrario mas importante hasta esa fecha sino que además este reparto agrario se acompañó de la creación de otras instituciones que poyaran la producción agrícola así se creó la Comisión Nacional de Irrigación, se volvió a restablecer la banca ejidal. Estas políticas llevaron a una transformación real de la política agrícola y agraria de México, el ejido fue visto como el camino del desarrollo agrícola además se crearon los ejidos colectivos, donde antes dominaban la empresas extranjeras como en la comarca lagunera, la cuenca del Tepalcatepec. El cambio quizás mas sustancial fue que de ahí en adelante toda acción productiva en el ámbito rural se relacionaría de una u otra forma con el Estado. Así el mismo gobierno mexicano adoptó una ideología de un Estado basado en los campesinos. (Martínez Saldaña, 1990: 318) 

Ante esto, no hay que perder de vista el hecho de que el ejido fue la institución mediante el cual el Estado implementó la reforma agraria. Así el ejido se convirtió en un elemento central en la tradición selectiva a partir de la cual el Estado posrevolucionario construyó su legitimidad y aseguró su hegemonía. De esta manera el ejido, ha servido para subrayar su carácter popular, pero al mismo tiempo sirve para esconder el control que adquiere el estado sobre los campesinos y la producción agrícola. “Lo populista se apropia de lo popular para construir una imagen del estado como representante de la nación y de sus verdaderos hijos: el pueblo” (Nugent, 2002:178) 

El primer ejido en formarse en Tanlajas fue el ejido de Coromohom en 1931. Pero pasaron cerca de siete años para que iniciara un movimiento más amplio. El agrarismo se intensificó gracias a la intervención del Mayor Ezequiel Ahumada, Serapio Gutiérrez y Enrique Oliver. Estos tres personajes de algún modo representan el movimiento agrarista de Tanlajas. Cada uno tenía una formación y un origen muy distinto. Ezequiel Ahumada fue Mayor en el ejercito constitucionalista, en 1921 ayudo a Gonzalo N. Santos a combatir a los larraguistas en la huasteca. Estudio economía en la ciudad de México y fue presidente municipal de Tanlajas en 1928. Serapio Gutiérrez era Tenek de San José Xilatzen, fue juez auxiliar en su comunidad y en 1940 fue Presidente Municipal de Tanlajas, justo cuando el movimiento agrarista estaba en su apogeo. Finalmente Enrique Oliver “gringo” su padre era norteamericano y su madre era de Tanlajas, era además socio mayoritario de la Compañía agrícola de la huasteca ubicada en el predio de Santa Rosa. Los tres fueron muertos por los rancheros y a los tres se les recuerda por haber facilitado el reparto agrario en el municipio. De ellos tres el Mayor Ezequiel Ahumada parece que fue el impulsor de los agraristas de Tanlajas. La base de este movimiento estuvo en los guardias rurales. Estas guardias rurales se formaron en Tanlajas hacia 1927 para ir a combatir a los cristeros en Jalisco y Guanajuato. Es probable que los batallones hayan participado junto con Saturnino Cedillo. A su regreso muchos de los que participaron en la guerra regresaron con “su rifle y su caballo”. Además ya estaban entrenados en la disciplina y el manejo de armas, varios de los que fueron guardias rurales, luego los vamos a ver como los lideres de los comités agrarios locales. Las guardias rurales jugaron un papel central en la lucha de las comunidades por promover sus demandas agrarias. Durante el momento más álgido del conflicto, cuando los lideres fueron asesinados, fueron los guardias rurales los que defendieron a sus comunidades de los ataque de los guardias blancas que contrataban los rancheros. Uno de los secretos de su efectividad es la alianza que mantuvieron los guardias rurales de varias localidades para apoyarse mutuamente. 

Una de las causas que motivaron a los campesinos a luchar por la tierra era por los abusos que sufrían por parte de los rancheros. En el ejido de San Nicolás recuerda que los dueños los obligaban a trabajar pero no pagaban. Entre los trabajos estaba tumbar el monte, la siembra, la cosecha, hasta desgranar el maíz todo esto se hacia gratis. Además “cuando hacen la milpa antes de cosechar el maíz lo abren los ricos, lo abren para que coma el ganado, entonces tenias que circular con latas, con palos, tumbar cercas. ¿Quien va a acudir a defenderte? Por eso escucharon que había solicitudes con Lázaro Cárdenas y se apuntaron… El dueño vino aquí dijo ¿quien van a ser los solicitantes? Y entonces uno se levantó y ahí lo agarraron y lo pelaron de los pies luego lo mataron para hacerlos sufrir (Entrevista, ejidatario San Nicolás, 2005). 

Por su parte en San José Xilatzen recordaban que: “Un grupo de campesinos fue perseguido durante mucho tiempo por terratenientes... El grupo llegaba incluso a esconderse entre los matorrales, pero fueron muertos porque les pusieron una trampa; el problema que se suscitaba entre estos grupos era porque los campesinos querían obtener tierras de los terratenientes. Los pocos integrantes del grupo que quedaron vivos siguieron perseguidos durante muchos años hasta el momento en que se les entregaron las tierras.” (Notas de campo, 2004) 

De igual forma los ejidatarios de la Argentina comentaron que: “el ejido se solicitó un 18 de diciembre de 1938 y en esta época llegaron tres personas en la cabecera del municipio sin querer dar nombres por el peligro que corrían y dijeron- nadie va a decir a que hemos venido, sino que van a decir que venimos a comprar caballos, vacas, pollos para que no se den cuenta quienes somos-. En la casa de Juan Santiago estaban tres personas de las cuales tomaron rumbos diferentes para incitar a la gente a la petición de tierras... en el casco de la Argentina que vivía en la zona se cuidaban y las juntas se organizaban durante la noche” (Maisterrena, 2004).

Este ejido se formó quizás de una forma atípica pues Enrique Oliver era el socio mayoritario de de “La compañía agrícola y ganadera de la huasteca” donó la mayor parte de sus tierras para que se formara el ejido. Como quedó manifestado en el expediente agrario del Ejido La Argentina: “El señor Enrique Oliver, en numerosos escritos que obran en autos, tiene manifestada su conformidad absoluta para que se afecte el predio de Santa Rosa con excepción de un lote de 300-00-00 Has. Que desea conservar para el sostenimiento de su ganado que posee, con cuya petición están conformes los mismos vecinos de la Argentina y los solicitantes de los ejidos”. 

Al parecer el general Ezequiel Ahumada Mora fue un intermediario importante en este proceso de dotación de tierras. Sin embargo la información que tenemos sobre él es poca, proviene en su mayoría de testimonios orales pues hasta ahorita solo hemos encontrado un documento elaborado por él, en este documento firma como el representante de las Organizaciones Agrarias. El documento se dirige al C. ingeniero jefe de la brigada de ingenieros de la 12va zona agraria ubicada en Ciudad Valles, para recordarle que: “yo fui a hablar con usted el día que acordamos en Tantoval pero por circunstancias que no puedo mencionar no pudimos tratar la benida (sic) del ingeniero, pero le anticipo que tenemos el ejido de San José Xilatzen, el Barrancón, el May, La Concepción, La Cebadilla en San Nicolás, y Santa Martha es bastante trabajo pero ya todos están listos esperando la benida (sic) del ingeniero que se comisione para estos trabajos los estimaría mucho que les mandara uno que sea competente para allanar cualquier dificultad que se presente por los afectados, de mi parte le ofrezco auxiliar al personal que se comisione”.

En ese mismo documento menciona a Antonio Martínez, (en ese entonces era el presidente del comité ejecutivo agrario del ejido de La Concepción) como: “el representante en todos sus asuntos a los poblados indígenas de este mismo municipio que han solicitado dotación de tierras conforme a sus derechos, le suplico que de serle posible se active la formación del censo de población al poblado de referencia que es el único que ha quedado pendiente y de esta manera el ingeniero que venga a entregar las tierras solicitadas que lo haga también con este ejido para que quede resuelto el problema agrario en este municipio.” 

El Mayor Ezequiel Ahumada era una persona ligada políticamente con Gonzalo N. Santos, lo mismo que Enrique Oliver. En 1921 ayudaron a Gonzalo N. Santos a combatir a un grupo de indios huastecos que estaban liderados por Agustín Manitas en la selva de Malilija. Este grupo era el único de los larraguistas que estaba aún en armas. De hecho el reparto agrario en Tanlajas debe verse también en el contexto de las pugnas entre Gonzalo N. Santos y Manuel C. Larraga, pues gran parte de las haciendas y ranchos repartidos pertenecían a la familia Larraga. Si bien estos conflictos favorecieron el reparto agrario en Tanlajas, también le impusieron un límite, pues tal parece que el movimiento agrarista no fue más allá.*

Las versiones del asesinato de Ezequiel Ahumada no coinciden sobre el lugar donde murió. En lo que si concuerdan es que el asesinato lo llevaron a cabo dos sujetos que venían de Veracruz, pagados por los hacendados (sin mencionar nombres). Algunos recuerdan que luego del asesinato los gatilleros se fueron a emborrachar a una cantina en Tanlajas. De ahí tomaron camino de regreso hacia Veracruz. Decidieron irse por Santa Martha, “porque ahí hay puros indios” La noticia de que los asesinos del líder agrarista escapaban se supo de alguna forma por los campesinos de Santa Martha. Ahí un campesino que gustaba de cazar venado decidió esperarlos para dar muerte a uno y herir al otro. Este hecho fue de gran significado pues demostró a los hacendados que los campesinos también estaban armados y 
dispuestos a pelear. 

Con el asesinato del General Ezequiel Ahumada no se detuvo el proceso de solicitud de tierras, pues las solicitudes siguieron su curso y el movimiento ahora estaba liderado por Serapio Gutiérrez. A los pocos años los ejidos obtuvieron sus tierras. En algunas comunidades lo recuerdan como, “alguien que ayudaba a los campesinos a conseguir sus 
tierras”(Notas de campo, 2004) 

En el caso del ejido de La Concepción, hay referencias de que la primera solicitud de tierras del ejido de La Concepción en 1924. Un grupo de 24 vecinos de la comunidad indígena de Malilija solicitó tierras de la Hacienda de la Concepción, sin embargo, su petición no prosperó, fue hasta 1938 cuando se da todo este movimiento, que las solicitudes comenzaron a avanzar. De este tiempo hay algunos hijos de ejidatarios que recuerdan que: “Antes aquí la gente si la veían con un pedacito de lápiz los mataban los ahorcaban”. Esto por que los hacendados sospechaban que estuvieran haciendo algún trámite de tierras. 

En este proceso de lucha por la tierra, el ejido La Concepción obtiene su resolución provisional en 1940. “La comisión agraria mixta en sesión celebrada el 29 de junio, aprobó el dictamen emitido por el presidente de la misma, concediendo por concepto de dotación de ejidos al poblado de La Concepción municipio de Tanlajas, San Luís Potosí una superficie de 1,805 Has. De terrenos de agostadero con un 60 % laborable de los predios de La Concepción propiedad indivisa de la sucesión de Ignacio Lárraga, con 1,613 Has. De la misma calidad y del Tiyub de Gregorio Martínez con 190 Has. De igual clasificación”. 

Según la información que se puede extraer de los mismos expedientes agrarios al momento de hacer el censo ejidal nos describen la situación que guardaba en ese entonces el poblado. El pueblo estaba formado por 493 habitantes- todos indígenas huastecos- de los cuales había 103 jefes de familia. Entre ellos se eligieron a 136 individuos capacitados como ejidatarios. Antes de la resolución provisional eran arrendatarios los terrenos que cultivaban. El ejido no contaba con un área urbana definida pues los campesinos vivían diseminados en sus campos de cultivo. Entre los productos agrícolas estaba la caña de azúcar, y algunas frutas- aunque estas se cultivaban en poca escala- predominando para la subsistencia individual los cereales maíz y fríjol. El salario mínimo se calculó en $1.25. Las tierras fueron definidas como arcillo-limosas en sus partes bajas y arcillosas en sus partes altas y mesetas como calcáreas, con buenos agostaderos para la cría y engorda de ganado (en ese momento contaban con 85 cabezas de ganado mayor) Los terrenos estaban cubiertos por extensos bosques con maderas de todas clases entre ellas el ébano, cerón, cedro, chijol, palo de brasil. 

El ejido obtuvo la resolución provisional el 2 de septiembre de 1939, pero tuvo que pasar por un litigio de seis años para obtener la resolución presidencial el 28 de marzo de 1945. Con esto no terminaron los problemas de tierras del ejido, pues en el proceso perdieron 125-00-00 Has. El proceso fue así: Con la resolución presidencial se dotó al poblado de 1,803 –00-00 Has. Tomadas de La siguiente manera. 1,613-00-00 De la Hacienda de La Concepción, propiedad de la sucesión de Ignacio Lárraga, y 190-00-00 Has del predio de Tiyub de Gregorio Martínez; para beneficiar a 136 campesinos más la parcela escolar. Sin embargo los problemas empezaron cuando el 30 de junio de 1947 se ejecutó parcialmente la Resolución presidencial entregando solamente 1,627-00-01 Has. Tomando 1,437-60-00 de la dicha Hacienda y no las 1,613-00-00 que dictaba la resolución definitiva. Para enmendar el error, hubo una segunda posesión el 7 de febrero de 1948, en la que se dieron a los ejidatarios 50-00-00 Has que sumadas a las 1,437-60-00 dieron un total de 1,487-60-00 faltando por entregar 125-39-99 para completar la dotación total, esta falta de entrega se fundaba, en que la hacienda no tenia más tierras afectables. 

Estas tierras colindan al sur del ejido no han estado en disputa más allá de las solicitudes interpuestas en esa época. De ahí a la fecha solo hay una solicitud aislada que se hizo en 1977 solicitando la intermediación de la CCI el 9 dic de 1977, para tratar de recuperarlas, luego de esa fecha el asunto se ha archivado y no hay nadie que se interese por el asunto, con la confirmación de los planos del PROCEDE parece que hubo una aceptación implícita de aceptar los limites establecidos. 

La obtención de la Resolución Presidencial significaba para muchas comunidades el reconocimiento por parte del Estado del derecho legítimo sobre el territorio. Pero también significaba el reconocimiento de la hegemonía del Estado, tanto en términos agrarios como políticos. Hay evidencia etnográfica de comunidades que solicitaban la restitución de tierras antes que la dotación para no aceptar su subordinación al estado. Daniel Nugent describe muy bien esta situación en el caso de Namiquipa: “Muchas veces las peticiones de restitución se negaban pero el mismo territorio era concedido como dotación. En otras palabras cuando finalmente era otorgado un ejido, tenia que aparecer como un acto del Estado, un regalo al cual se esperaba que los campesinos expresaran gratitud, se mostraran a gradeados y en servidores del Estado (Nugent, 2002, 194) Así a partir del acto de entregar la Resolución presidencial el Estado hacia valer de su poder como el verdadero propietario del territorio nacional que se expresaba en el hecho de registrar los expedientes agrarios. 

En términos de la organización política el ejido como forma de organización social fue la base para un nuevo tipo de autoridad: “El comisariado de bienes ejidales”. Aquí quiero recordar este ejido se formó a partir de la reforma agraria. En este sentido, era por un lado una comunidad nueva, pues no tenía la antigüedad de comunidades como San 
Francisco Cuayalab. Sin embargo, no deja de ser interesante que una vez fundada se creara un sistema de organización social, con un juez, y un mayordomo, similar al de las comunidades cuyos orígenes se pueden encontrar en la época colonial. 

En La Concepción una de las figuras más importantes fue desde el principio el Comisariado de bienes ejidales. El primer comisariado del ejido fue también el principal promotor del grupo de solicitantes. Antonio Martínez según el testimonio de los algunos ejidatarios lo mencionan como, “el líder natural del grupo”. Esto parece confirmarlo su desempeño en la formación del ejido. En abril de 1937 Ezequiel Ahumada lo presenta como el representante de los pueblos que solicitan tierras en el municipio de Tanlajas. En ese año fue el presidente del comité ejecutivo agrario de La concepción. Posteriormente aparece como presidente de bienes ejidales en 1944 y dura en el cargo hasta 1947. Es en esos años, en que se lleva a cabo la Resolución presidencial y el deslinde definitivo, en momentos es cuando el trámite agrario se hizo más complicado sobre todo por la definición de los linderos del ejido. 

Muertos los principales lideres del movimiento como Ezequiel Ahumada y Serapio Gutiérrez, la CNC comienza a jugar un papel más protagónico en el reparto agrario y en la ulterior organización política de los campesinos de la región. Así el 15 de agosto de 1945 el comisariado ejidal se dirige al Senador Gabriel Leyva, Secretario general de la CNC para enterarlo: “de las gestiones que se esta haciendo ante las dependencias del Departamento agrario a fin de que se active la tramitación de la resolución definitiva de este ejido”. En este proceso también intervino la Liga de Comunidades Agrarias de San Luis Potosí. En noviembre de 1945 solicitaban al Delegado Agrario: “que se violente la tramitación de su expediente de dotación de ejidos que actualmente se encuentra en posesión provisional, por lo que encarecemos se sirva remitir este expediente debidamente integrado para su estudio y fallo definitivo. 

Luego de la muerte de los principales lideres agraristas como Ezequiel Ahumada, Serapio Gutiérrez y Enrique Oliver, parece que nuevamente los pequeños propietarios volvieron a hacerse del control del ayuntamiento. Así los lideres indígenas y agraristas fueron desplazados por los pequeños propietarios mestizos, quienes conseguían el control político a través de organizaciones como la CNC y la Liga de Comunidades agrarias de San Luís Potosí. 
Un proceso muy similar describe Emilia Velásquez en la Sierra de Santa Martha en Veracruz.: La otra forma de apoyo político que dio a un grupo que formaba parte de la gente de razón, es decir de los mestizos ricos el cual en 1947 desplazó el poder municipal a los agraristas de la región que habían adquirido fuerza en los años treinta. (Velásquez, 
2000: 113).

En este proceso hay varios documentos donde solicitan la intervención del Diputado Francisco Purata Hernández, que era entonces el Secretario General de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de San Luís Potosí. Así el 11 de julio de 1944, el comisariado ejidal Antonio Martínez se dirige ante el gobernador del Estado: “Suplicamos a usted con todo respeto que nos haga favor de dispensar en que distraigamos de sus altas atenciones por medio de estas líneas pero la urgencia nos obliga a hacerlo con el sentido de pedir se active la tramitación de la posesión definitiva para este poblado porque ya se llevó a efecto hace 5 años la dotación y hasta la fecha no nos han dado la posesión definitiva”. Un año después 11 de junio de 1945 nuevamente el comisariado escribía: nos interesa saber los tramites legales que se están llevando a cabo con motivo a la resolución definitiva de nuestro ejido, le transcribimos a usted lo anterior para manifestarle que no queremos ser engañados, que se nos diga lo que esta dentro de la justicia y de la verdad, ya que nosotros también tenemos derecho a poseer estas tierras porque desde 1937 estamos solicitando la dotación porque solo la poseemos en provisional”. El texto remitía copias al: Delegado del distrito agrario; al Diputado Francisco Purata Hernández, al Gral. Gabriel Leyva, Secretario de la Confederación Nacional Campesina y al Pedro Pozos Procurador de Asuntos Indígenas en Ciudad Valles. 

Luego de conseguir la resolución definitiva, parece que la CNC siguió siendo la organización a la que se dirigían los comisariados ejidales para la gestión de recursos y la solución de algunos problemas de tierras. Por su parte la comunidad parece que fue visitada en varias ocasiones por diputados del PRI en campaña. En este sentido vemos como la CNC empezó a ser la organización que llegó a capitalizar el movimiento agrarista para constituirse en la organización que permitía la intermediación entre los campesinos y el Estado nacional. Por su parte la persona de Francisco Purata, era una persona allegada a Gonzalo N. Santos, así lo refiere él mismo, en sus Memorias. (Santos, 1986: 610-611) 

La CNC creada en 1934 tuvo su periodo de apogeo en tiempos de Cárdenas, quien busco que las movilizaciones campesinas surgidas en diferentes regiones del país fueran centralizadas alrededor del Estado. En este sentido la CNC jugo un papel clave para encauzar las demandas rurales. Así durante el gobierno de Cárdenas y algunos años mas, esta organización fue la que se encargó de hacer las gestiones de tierras. De esta manera el amplio y complejo movimiento campesino que surgió en el país durante los años treinta al final fue guiado y encauzado dentro de la acción de esta institución. Fue el mismo Cárdenas quien la organizó y la puso bajo el control directo del poder ejecutivo y posteriormente bajo el partido oficial PRI. La CNC fue una organización beligerante hasta los gobiernos más reformistas de Ávila Camacho en adelante. Esto hizo que la mejor parte de las organizaciones campesinas se convirtieran en un movimiento politizado donde la demanda de tierra pasaba al defensa de la política agraria del régimen. (Martínez Saldaña, 1999: 321) 

 Así a medida que la CNC, se fortalecía en diferentes partes del país, el movimiento campesino fue perdiendo su fuerza política, como sugieren Bartra y Nugent, en la medida que los campesinos reconocieron el derecho del Estado como la instancia que tenia el control sobre la tierra, el agrarismo fue cooptado por el estado: “el Estado al establecer las reglas del juego transformaba, silenciaba e incluso negaba el empuje de los movimientos sociales. Desde la perspectiva el agrarismo era la ruta a través del cual el nuevo Estado era capaz de crearse una base sólida entre las masas. Los agraristas en el momento en que admitía su derecho a la tierra provenía el del Estado aceptaba su subordinación (Nugent, 2002: 178; Bartra, 1985: 23) 


* En sus Memorias Gonzalo N. Santos escribió: “Mientras esto sucedía, mande a Lucio M Lárraga acompañado de Chico Zúñiga, un indio huasteco tartamudo dependiente mió; del gringo Carlos Oliver, un joven rico, huasteco, muy trabajador, hijo de norteamericano y mexicana; de Ezequiel Ahumada, exmayor villista y verdadero líder campesino, y de su primo Marcial Lárraga y de los rurales de Villa Guerrero (hoy Tamuin) que el propio Lucio Larraga comandaba un numeroso grupo de indios a cuya cabeza iría Chico Zúñiga a que se arrastraran como culebras en la selva de Malilija, municipio de Tanlajas y con ordenes de que peinaran el monte hasta dar con el mentado Agustín Manitas que andaba en armas y había puesto varias emboscadas a las fuerzas del gobierno. Este Agustín Manitas no hablaba ni una palabra de español y era larraguista de hueso colorado. Les ordene que lo exterminaran junto con su gavilla de indios rebeldes. Agustín junto con su núcleo de 40 o 50 indios huastecos era el único que quedaba de los larraguistas en armas de la Huasteca. Para entonces el bandolero Manuel C. Larraga se encontraba desterrado en San Antonio Texas”. (Santos, 1986: 245, 251).


Hernández, Cendejas Gerardo Alberto. Tenek Lab Teje. Etnicidad y transformaciones agrarias en el ejido de La Concepción, Tanlajás, San Luis potosí. Maisterrena, Zubirán Javier (Dir.) Tesis de maestría en Antropología Social México. 2007. El Colegio de San Luis. Pp. 199-213.
Disponible en http://biblio.colsan.edu.mx/tesis/HernandezCendejasGerardoAlberto.pdf

martes, diciembre 03, 2013

lunes, octubre 28, 2013

Caminando con los hijos del maíz

Josefina Matesanz Ibáñez
Está cerca el atardecer. En la entrada a la comunidad náhuatl de Texoloc, bajo un arco de flor de zempoalxóchitl, comienzan a congregarse mujeres, niños, jóvenes, varones, todos están allí: es la fiesta del elote –elotlaixpiyali–, para recibir a los “hijos de Chicomexochitl”, los renuevos del maíz. Allí el curandero hace una primera ofrenda a elotes colocados en cuachiquihuites (cestos), a los que se han vestido como niñas y niños. Tres mujeres los copalean, los florean y danzan a su rededor. Al compás de sones propios de esta fiesta, tocados por la banda de viento, se conducen hasta la xochicali (casa de flores), donde los colocan en un altar, intercambiando a los del año anterior. Con los elotes que no están vestidos se hace una gran mesa circular que se cubre con manteles bordados sobre la que se coloca una ofrenda de pollos, pan, chocolate, café, refrescos y dulces. Toda la noche la gente danza frente al altar. El sudor, el olor de los elotes, los colores de las blusas bordadas, el sonido tintineante de una campanita que tocan repetitivamente, el copal y el humo de las velas, todo ello da un ambiente sagrado en el que se honra al maíz, que renueva la vida con los elotes de la temporada. 

A media noche se lleva a cabo la gran Danza del mapache. Mujeres y hombres con matas de maíz adornadas con flores se forman en filas simulando una milpa, que se mueve al compás de la música, aparece un mapache, que va recorriendo la milpa, comiendo de los elotes y tirando algunos al suelo; un indígena revisa la milpa y regresa con perros para perseguirlo, hacerlo subir a un árbol, darle muerte con una carabina. Los niños disfrutan especialmente gritando, riendo y persiguiendo a su vez al mapache. No se termina allí la danza: mientras los elotes de la mesa se hierven y se hacen atole para compartirlos entre los presentes, algunos seguirán bailando frente al altar toda la noche.

Esta fiesta actualmente se realiza, con variantes, en un mayor número de comunidades de los municipios de Xochiatipan y Yahualica. Ante la amenaza del maíz transgénico que puede contaminar al maíz criollo, los indígenas celebran sus ritos con más fuerza y están dispuestos a defender su semilla.

“Nosotros en la zona de Oxeloco hacemos la reunión con los Jueces (delegados municipales) y Comisariados. El gobierno nos da semilla mejorada para sembrar, pero la gente no la recibe. Conocimos del maíz transgénico por las “madres” (Hermanas teresianas) y por Cenami (Centro Nacional de Misiones Indígenas). En 2004 vinieron del Ceccam (Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano) a recoger muestras de milpas de varias comunidades, las estudiaron en el laboratorio y nos dijeron que cuatro habían salido contaminadas con maíz transgénico. De allí dimos a conocer a las nueve comunidades de Yahualica que estamos organizados y tomamos acuerdo de no sembrar otras semillas que no fueran de aquí mismo. También hicimos un acuerdo de que no ocupen “matayerba”. Si alguien la ocupa paga una multa de 500 pesos. Así defendemos nuestra Tierra que es nuestra Madre. Por la radio de Huayacocotla, La Voz de los Campesinos, hemos dado el mensaje de que no reciban otras semillas, que el gobierno no nos puede obligar a sembrarlas, que defendamos nuestro maíz.

“El maíz criollo es de nosotros, ya tiene año, las tortillas son sabrosas, dan fuerza para el trabajo. No sólo comemos nosotros, comen los pollos, los puercos, los caballos, hasta los perros comen tortilla. También los animales del campo, los pájaros, tlacuaches, mapaches. Por eso defendemos nuestro maíz, porque es vida para todos. ¿Cómo vamos a vivir sin nuestro maíz?” (Virgil Hernández Vera. Oxeloco, municipio de Yahualica, Hidalgo.)
No hay maíz sin defensa de la tierra. Los campesinos indígenas de la Huasteca lucharon por ella en los años 70´s incluso con pérdidas de vida. Ahora las hermanas teresianas están apoyando con información sobre el Proyecto Chicontepec de explotación del petróleo, sus implicaciones para la región, la forma de documentar la contaminación y las instancias para hacerlo. Todo ello, sumado a otros proyectos como el apoyo a las cooperativas de apicultores de Xochiatipan, a la comercialización de bordados de las artesanas de Oxeloco, el trabajo con parteras tradicionales para la defensa de la medicina tradicional, vigoriza la vida de las comunidades indígenas.

“Fortalecer la comunidad indígena, la cultura, la unión y la solidaridad, es vivir el evangelio” (Hermana Cata Hernández, indígena náhuatl).

 http://www.jornada.unam.mx/2012/12/15/cam-maiz.html
 

martes, agosto 20, 2013

Informe de la comisión del Congreso de la Unión que investigó el asesinato de mi tatarabuelo el Comandante de Reservas Ezequiel Ahumada Mora.

Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión.- Presente.

Los suscritos, Diputado Alfredo Zárate Albarrán y Senadores Vicente L. Benéitez y Coronel Rodolfo T. Loaiza, miembros de esa H. Comisión Permanente, fuimos comisionados para trasladarnos a Ciudad Valles, Estado de San Luis Potosí, con el objeto de investigar el asunto del asesinato del C. Ezequiel Ahumada, Comandante de las Reservas en aquel Municipio; asesinato cometido en un lugar cercano a la Villa de Tanlajás el día 16 de los corrientes entre las siete y las ocho horas.

Como dos de los que suscribimos, el Diputado Zárate Albarrán y el Senador Coronel Loaiza no fue posible que hiciéramos el viaje en cumplimiento de esta Comisión, debido a trabajos inaplazables que tuvimos que atender en esta capital, de común acuerdo autorizamos al señor Senador Benéitez para llevar a cabo las investigaciones; y del resultado de ellas dicho compañero nos habla en una carta cuyo fondo hacemos constar en el presente informe, ya que al mencionado compañero Benéitez tampoco le ha sido posible regresar aún -por lo que también nos remitió la documentación que acompañamos.

Las quejas y declaraciones rendidas en la región de Tanlajás, de que habla la documentación antes dicha, nos permiten presumir que los asesinos materiales del Comandante Ahumada son los señores Graciano Medrano y Arnulfo Ahumada, asistente del señor General Manuel Lárraga, quien en la región de que nos ocupamos se señala como autor intelectual del villano crimen. Se hace notar que siempre que el General Lárraga visita Tanlajás, lo hace acompañado de Graciano Medrano y Arnulfo Ahumada, que abandonan sus residencias en Temporal, Estado de Veracruz cuando saben que el General Lárraga se dirige a Tanlajás y no vuelven a ellas hasta que el mencionado militar sale de la región.
Gral. Ezequiel Ahumada Mora.

 El tercero de derecha a izquierda, de pantalón y corbata negra Manuel Cristo Lárraga, autor intelectual del asesinato de mi tatarabuelo.

La señora esposa del comandante asesinado y el agricultor Serapio Gutiérrez, declara que el occiso siempre les hacía notar que si algún día era asesinado, los culpables no podrían ser otros que Medrano y Ahumada; y otro de los declarantes, que tiene un comercio, expresa que unos días antes del asesinato estos dos individuos fueron vistos en el poblado.

Por todo lo antes expuesto, esta Comisión se hace eco de la voz general de la región del Municipio de Ciudad Valles, a donde pertenece el poblado de Tanlajás, presumiendo, por todos los datos referidos, que muy bien puede ser el General Manuel Lárraga el autor intelectual de la muerte del Comandante de la Reserva, C. Ezequiel Ahumada, asesinado a balazos, por la espalda, cuando se dirigía a Ciudad Santos con el objetivo de pagar las contribuciones correspondientes a una propiedad que tenía allá y los autores materiales del hecho, sus asistentes, servidores de confianza Graciano Medrano y Arnulfo Ahumada-.

Lo que tenemos el honor de informar a esa H. Comisión Permanente en acatamiento a la Comisión que se sirvió conferirnos, reiterándole las seguridades de nuestra atenta y distinguida consideración.

México, D. F., 25 de abril de 1939.- Por el Comisionado, Senador Benéiterz, ausente.- Comisionados, Diputado Alfredo Zárate Albarrán.- Coronel y Senador Rodolfo T. Loaiza.- Dense las gracias a la Comisión por su informe.

Diario de los debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos. Legislatura XXXVII, Año II periodo comisión permanente. Diario número 35. Publicado el 28 de abril de 1928.

viernes, febrero 22, 2013

La Fiesta del Maíz.


Tlamanes.

Documental sobre el Tlamanes, ritual de bienvenida al maíz en la Huasteca Veracruzana, una celebración que deja muy en claro que esta planta, más que un alimento, ha sido un fiel compañero en la historia de los pueblos indígenas de México, quienes celebran su llegada como el nacimiento de un Mesías que los salvará de la sed y el hambre.

Fiesta huasteca y música tradicional.


Moxoleua o fiesta de destape de disfrazados en Tecolotitla.


Pan huasteco.


Huapangueros en la plaza del maíz de Huejutla.


Chilahuile.


viernes, enero 18, 2013

La Huasteca.

A raíz de que se decreta la libertad del indio es que la mano de obra esclava se intensifica en la Huasteca: realizando trabajo como empleado doméstico del español, en las zonas ganaderas como pastor y mayordomo, en plantaciones de caña y trapiches como obrero y agricultor, y en las pesquerías como ayudante. Como liberto trabajó en los Regimientos de Pardos y Mulatos, ya que se les utilizaba para resguardar las costas de piratas y corsarios. Con la integración de la caña de azúcar y el establecimiento de los ingenios y trapiches, fue que la mano de obra negra comenzó tener importancia en el trabajo a realizar y fue objeto de las ordenanzas virreinales. En los pueblos pertenecientes a la Custodia de San Salvador Tampico que se dedicaban a la ganadería y a la plantación de la caña de azúcar, siempre existe un registro de negros y mulatos, igualmente en las riberas de las lagunas o los ríos. En el pueblo de Nuestra Señora de Ozulama se encontraban 133 familias de mulatos, en la Misión de Nuestro Santo Padre de Ozulama habían 63 familias de negros y mulatos y así sucesivamente encontramos que en los pueblos que conforman la Custodia de San Salvador Tampico, se encuentra un número alto de población negra o mulata, aunque no supera a la indígena. La población negra o mulata que no podía integrarse a las escuelas u órdenes eclesiásticas, aprovechando su fortaleza física y los conocimientos que poseía del pastoreo de ganado, se colocó o a sus descendientes en puestos de mayordomos o vaqueros de haciendas, donde se encontraban del lado del amo blanco y se caracterizaban por su maltrato a los indios. Un padrón levantado en 1790 en Ozulama nos muestra que en seis haciendas con 49 ranchos la población estaba dividida en 8 europeos, 24 españoles, 392 indios, 719 mulatos y 6 negros, lo cual demuestra que existía un sistema esclavista en las haciendas ganaderas y en los trapiches a finales de la Colonia española en la Huasteca. Los pardos y mulatos también se empleaban como soldados en las compañías milicianas, un informe de 1969 indica que en este rubro en Tampico habían 20 familias de negros y mulatos que en número se igualaban a las familias de indios en la milicia; por su parte, en la milicia marina, la población mulata era mayor ya que había 300 familias de mulatos en contraste con 8 de indios. En 1788 se encuentran en Tamiahua a 400 negros milicianos que estaban libres de tributos por ocuparse de guardar el puerto y la costa. En cuanto a la posesión de esclavos, esta era legal y tolerada por la Iglesia, incluso los clérigos y religiosos los poseyeron y aun esclavos libertos tuvieron esclavos de su propiedad. La orden que era la excepción es este sentido era la franciscana, ya que a diferencia de otras órdenes religiosas que tenían cientos de esclavos negros en sus haciendas, no poseyeron es sus tierras esclavos. El negro y mulato criollo de la Huasteca que era descendiente de esclavos, al paso del tiempo se ocupó en las salinas del sur de Tamaulipas, así como en las tenerías y como zapatero, en la descarga de navíos y calafateo de las naves, como mozo de recua y como albañil. También como libre se ocupó en las minas de San Luis Potosí y algunos tuvieron su propio rancho de ganado. Aunque en Tamaulipas y en las Huastecas la raza indígena predominó en un 90%, el negro sustituyó al indio nativo, ya que había zonas despobladas. Así quedó buena proporción de esta raza en las mezclas de su población. Martínez, Montiel Luz María y García, Fuentes Lutgardo. El trabajo en la América hispana: el recurso a los negros. Pp. 4 y 5.

martes, septiembre 04, 2012

EQUILIBRIO, INTERCAMBIO Y RECIPROCIDAD: PRINCIPIOS DE VIDA Y SENTIDOS DE MUERTE EN LA HUASTECA.

EQUILIBRIO, INTERCAMBIO Y RECIPROCIDAD: PRINCIPIOS DE VIDA Y SENTIDOS DE MUERTE EN LA HUASTECA. índice: I. DIOSES DE LA SALUD Y LA MUERTE Dioses de ayer y hoy entre los huaxtecos: notas para su estudio, por Lorenzo Ochoa II. EL EQUILIBRIO PERDIDO Nociones acerca de la enfermedad y el espíritu entre los teenek y nahuas de San Luis Potosí, por Patricia Gallardo Arias Emanaciones que enferman. Acercamientos a la categoría de Tlazol entre los nahuas de la huasteca veracruzana, por Amaranta Arcadia Castillo Gómez III. RELACIONES COMPLEJAS El sentido social del duelo, por Ana Bella Pérez Castro y Amaranta Arcadia Castillo Gómez. Ofrendas para los muertos, ofrendas para los vivos. El sistema de dones y la celebración de “San Lucas” y “Todos los Santos” entre mestizos y nahuas del sur de la huasteca veracruzana, por Alejandro Durán Ortega IV. MÚSICA PARA LOS MUERTOS El camino de los muertos: de Velación de cruz a Xantolo por Lizette Alegre González La cumbia de los ancestros. Música ritual y mass media en la huasteca, por Gonzalo Camacho.

Cerros sagrados y sones. Apuntes etnográficos.

http://avanthooft.net/ARTICULOS/08_Duran.pdf

martes, mayo 29, 2012

CHIKOMEXOCHITL Y EL ORIGEN DEL MAÍZ EN LA TRADICIÓN ORAL NAHUA DE LA HUASTECA

Anuschka van ´t Hooft Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades Universidad Autónoma de San Luis Potosí Bueno, para nosotros, para toda la gente de esta comunidad lo más importante es el maíz. Porque sin el maíz no hay vida. Puede uno tener frijol, puede uno tener jitomate, chiles, todo. Pero si no hay maíz no come uno. Por eso es lo más importante. En gran parte de la Huasteca, los indígenas nahuas narran sobre cómo se originó el maíz. En estos relatos se habla de un muchacho, de nacimiento milagroso, y su abuela malvada quien lo quiere matar. Después de varios intentos, la abuela logra su cometido: desnuca al nieto y entierra su cuerpo en un lugar cerca del río. Es exactamente en ese lugar de entierro donde brota la primera planta del maíz que conocerá el mundo. El muchacho que da origen al maíz con su cuerpo se llama Chikomexochitl, Siete Flor. Su nombre manifiesta ya que es un muchacho excepcional: Chikomexochitl refiere a un nombre calendárico que remonta a tiempos prehispánicos. Para los pueblos nahuas que vivían en esa época, el número siete era símbolo de conceptos como la abundancia, la semilla, el centro, la perfección y la ofrenda. Por otra parte, la flor era ―y lo sigue siendo para muchas personas― lo bueno por excelencia, implicando sabiduría, creación, amor, hermosura y belleza. De este modo, el muchacho reúne varias cualidades, la más destacada siendo su inteligencia; la gente dice que “es listo”. Por lo general, los narradores del relato de Chikomexochitl hablan de que era un muchacho travieso que siempre estaba jugando, bailando, tocando música y cantando. Su abuela ―una tsitsimitl o anciana malvada, asociada con el Mal Aire― no lo quería porque se dice que “hacía mucho escándalo”. Ella concebía varios planes para deshacerse de él. Primero lo mandaba a lugares lejanos para que estuviera fuera de su vista. Pero Chikomexochitl siempre regresaba rápido y la abuela se cansaba de tenerlo cerca. Es entonces que lo empezaba a mandar a lugares peligrosos, donde, según ella, los animales salvajes lo comerían. Aún así, el nieto realizaba todas las encomiendas con éxito y no moría. Ninguna de las tareas peligrosas le era difícil. Se relata que Chicomexochitl le arrancó la lengua a un caimán, quien lo quería devorar, y que en el bosque se escapó de unas fieras que lo querían matar. Es más, debido a su gran inteligencia, el muchacho se vuelve creador, elaborando una sonaja de la tenaza de la acamaya que lo debería de haber devorado y pintando la concha de una tortuga servicial por lo que ahora las tortugas tienen el caparazón decorado. En algunas versiones del relato, Chikomexochitl es el agricultor que limpia el monte, siembra maíz y hace crecer a la milpa con una rapidez extraordinaria.En otras versiones, el muchacho provoca relámpagos con la lengua de un caimán quien lo quería tragar. También se cuenta que Chikomexochitl es el inventor de la escritura. Cuando nada ni nadie puede vencer a Chikomexochitl, la abuela toma la iniciativa de matarlo ella misma. Un día, dice el relato, ella le “quiebra el pescuezo” y se deshace del muchacho. La anciana regresa cada rato al lugar donde había enterrado el cuerpo de su nieto para espiarlo y ver qué pasaba. Después de unas semanas, ella vio que había brotado una plantita de maíz, que crecía más y más, hasta que espigó y se dieron grandes elotes. Hasta tres elotes dicen que tenía la mata de maíz. Este maíz era Chikomexochitl. El hecho de que un muchacho da origen al elemento más importante de la comida en las comunidades, hace de esta persona alguien muy especial. De hecho, Chikomexochitl es un personaje extraordinario, y esto se da a conocer incluso antes de su nacimiento: la madre de Chikomexochitl se embarazó al tragar una piedra preciosa un día cuando fue al manantial a traer agua. Este milagro manifiesta que el bebé que nació no era nadie común. Algunos dicen que la madre era la Tierra, ella es la tierra madre del que nace el maíz, su hijo. Otros dicen que Chikomexochitl sí tuvo una madre de carne y hueso, pero que a la vez era hijo de los espíritus que viven en el Cerro Sagrado llamado Postektitla, uno de los lugares más importantes dentro de la cosmovisión nahua de la Huasteca. Cuando Chikomexochitl revive como maíz, la abuela recoge los elotes, los desgrana, y hace masa de nixtamal que tira al río para asegurarse de que no queda rastro de su nieto. Es en el agua en la que Chikomexochitl resucita en forma de persona. Su muerte y resurrección recuerdan el ciclo vital del maíz que se siembra (es decir, entierra) primero para después nacer. En otra ocasión, Chikomexochitl ya había demostrado su capacidad para engendrar la vida cuando resucitó a su padre o, como dicen otros narradores, a su abuelo que había muerto. Al igual que el maíz, el muchacho es un generador de vida. Chikomexochitl se muestra pues todo un héroe. Él inventó y enseñó la danza, el canto, la música, la palabra (el discurso oral) y la escritura, las técnicas agrícolas, y las demás expresiones de sabiduría y arte. Todas estas expresiones están ligadas a el costumbre, el conjunto de conceptos y prácticas que rigen la vida cotidiana de las comunidades nahuas. Según los nahuas es Chikomexochitl quien enseñó el costumbre, es decir, es él quien les enseñó cómo vivir. Y, aún más importante, el muchacho es la encarnación del maíz. Sin él, hoy no hubiera existido el maíz. Por tanto, se puede entender el relato sobre Chikomexochitl como una referencia a la transición de una época en la que la gente vivía sin cultura hacia un estado de cultura, el cual gira en torno de la existencia y relevancia de la agricultura y el maíz. En el relato la abuela malvada no queda sin su merecido castigo. Algunas personas relatan que su nieto la quemó en un temazcal, cuando entre los dos hacían una apuesta. Él se metió primero al temazcal y la abuela trató de calentar tanto el fuego que Chikomexochitl se sofocara. Sin embargo, el muchacho salió sano y salvo del temazcal. Cuando le tocó su turno a la abuela, Chikomexochitl prendió un fuego muy alto en el temazcal. La anciana no pudo resistir el calor y se quemó, haciéndola cenizas. En otras versiones la abuela también llega a su final, pero en ellas son animales salvajes o hombres malos quienes la comen en el bosque, después de lo cual quedan solamente unos huesos y sus cenizas. Las cenizas de la abuela se debieron haber tirado al mar, la “esquina del mundo” como dicen los nahuas. Solamente con los restos en este lugar tan apartado, la humanidad sería resguardada por los actos nocivos de la anciana. Desgraciadamente, las cenizas no llegaron a su destino. La persona encargada de llevar los guajes o cántaros que contenían las cenizas, no acató las instrucciones de mantener cerrados los recipientes. Al destaparlos, se escapó un enjambre de insectos, materialización de la abuela. Así, las cenizas de la abuela de Chikomexochitl tornaron en una muchedumbre de moscas, abejas y avispas, que ahora molestan a la gente y transfieren enfermedades. En casi todos los relatos, el personaje desobediente es un sapo o un hombre que luego se convierte en sapo como condena. Por los múltiples piquetes de los insectos, el anfibio tiene hoy su lomo lleno de granos. Dicen los nahuas que Chikomexochitl sigue siendo un muchacho que anda vagando en el monte. Tal y como relatan, Chikomexochitl no puede morir, ya que es el maíz y por tanto siempre habrá semilla. Es él quien controla su germinación y maduración. La gente siente un gran respeto hacia el maíz, y esto se expresa en los múltiples rituales que se celebran a lo largo del año para recordar a Chikomexochitl. Tal vez el ritual más vistoso en este respecto es la fiesta comunal que se organiza cada año en varias comunidades, llamada “baile de los elotes”, elotlamanalistli (“poner ofrenda al elote”) o la fiesta de Chikomexochitl. Esta fiesta se celebra a finales de septiembre o principios de octubre, cuando se puede cosechar el maíz tierno. Es en estas fechas cuando, temprano en la mañana, los hombres van a la milpa a traer las primeras canastas de elotes. Al regresar a su hogar, las canastas son colocadas fuera de la casa y se come el almuerzo preparado por las esposas. Luego los hombres hacen un arco de hojas de un arbusto llamado tamalkuauitl, que sirve para pasar debajo de él al interior de la casa y depositar los elotes. Mientras la música de violín y guitarra toca el xochipitsauak, el son ritual que fue inventado por Chikomexochitl, los hombres entran bailando con sus canastas en la espalda. Una vez depositados adentro de la casa, las mujeres ocupan los elotes para preparar xamitl (tamales de elote), atole y elotes cocidos. En la tarde, la gente viste a unos pocos elotes con ropa en miniatura como si fueran muchachos, y los adorna con flores. Con estos muchachos en brazos, tanto los hombres como las mujeres bailan al compás del xochipitsauak. El baile se efectúa dentro de la iglesia y afuera en el atrio. El sacerdote viene a celebrar misa y a bendecir los elotes. Asimismo, un curandero de la comunidad dirige algunas palabras al elote. Después de la misa, los fiscales reparten elotes y atole y el baile sigue hasta altas horas de la noche. La danza es una expresión religiosa que proporciona una manera de entrar en contacto con el espíritu del maíz para adorarlo, agradecerlo, y pedirle más apoyo para el futuro. De esta forma se renueva la alianza entre el hombre y el espíritu del maíz, y con ello se refuerza y consolida la relación constructiva entre ambos. El esfuerzo físico, el sudor y el cansancio generados por el baile forman parte de las ofrendas, tal y como el incienso, las flores, los rezos y la comida son elementos ofrendados. Efectivamente, el baile es una de las ofrendas más substanciales, ya que a través de él, la gente ofrece su propio cuerpo. La celebración tiene éxito cuando la gente baila “hasta el amanecer”, lo que demuestra que realmente han dado lo mejor de sí por agradecer a Chikomexochitl. De esta forma, el principal propósito de la fiesta del elote es dejar ofrendas al espíritu del maíz. El verbo nahua tlamana (poner algo en una superficie, ofrendar) conlleva ya este propósito. En el acto que se realiza se agradece al espíritu del maíz el haber conferido otro año más de vida. Tal y como dice uno de los vecinos nahuas: Pues es una señal de que, por decir que, pues, es la tradición que hacen. Por decir que el elote, el elote cuando ya hay, pues, es nuestra vida, es nuestra fuerza. Entonces por eso hacen como una señal que el elote ya está [...]. Lo van a cuidar durante el año pues. Todo esto se hace para que Chikomexochitl “se encuentre feliz y contento y nunca nos abandone”. La fiesta es indispensable para contentar a Chikomexochitl, ya que se le atribuye un aspecto tanto constructivo como destructivo. Aunque el muchacho es el maíz y como tal nunca muere, si la gente no trabaja bien, no cuida la milpa, y no hace la fiesta, Chikomexochitl se puede apartar de esa comunidad y habrá mala cosecha o, incluso, hambre. Su aspecto benéfico se expresa a través de cosechas abundantes de maíz. En el momento de haber elote, la gente sabe que va a tener qué comer durante todo un año, “entonces pensamos que es necesario agradecerle, porque él es lo que hace todo [...] para nosotros es importante porque es señal de gratitud.” Chikomexochitl es la encarnación del maíz, es el elote, el grano. Su relevancia para los nahuas es considerable, ya que la vida cotidiana, en casi todos sus aspectos, gira en torno al maíz. Los nahuas de la Huasteca cultivan el maíz en su milpa y lo venden en el mercado. Ellos comen maíz en forma de tortillas, tamales, atole y otros tipos de comida. También utilizan granos de maíz en los rituales para echar la suerte en caso de querer encontrar la causa de alguna enfermedad. De la misma manera hay muchos usos más de las hojas, la mazorca, los granos y el olote. Por ende, se entiende que la tradición oral sobre el progenitor del maíz contiene relatos considerados muy importantes. Al transmitir la narración de Chikomexochitl, la gente recrea y revaloriza los múltiples temas, eventos, normas y valores que se expresan en estos relatos, mismos que se adecuan constantemente a las nuevas circunstancias que se presentan en la comunidad. Los textos sobre Chikomexochitl son ejemplos de un relato que narra un cambio de gran impacto en la sociedad. Por tanto, no sorprende observar, que su tema surge en tradiciones orales de otros múltiples pueblos indígenas de México, ya que el origen y la actual existencia del maíz es de vital importancia para todas las sociedades agricultoras en este país. En algunas regiones, se narran relatos muy distintos al de Chikomexochitl. Sin embargo, existen también textos del origen del maíz bastante similares entre pueblos indígenas vecinos tales como los tének, totonacos, tepehuas y otomíes. Incluso, encontramos episodios parecidos del relato sobre el origen del maíz entre pueblos lejanos como por ejemplo los zoques y popolucas de Oaxaca. El vigor de los relatos sobre Chikomexochitl en las comunidades nahuas demuestra el papel vital del maíz como base de la vida indígena actual y su gran importancia para la subsistencia de las comunidades. Los nahuas llaman kuento a todas las manifestaciones de su narrativa. Los términos kamanaltlajtoli (lit. palabras conversadas) o tlatempoualistli (lit. lo que cuentan los labios) se reconocen como sinónimos, sin embargo, el préstamo del español ha tomado cada vez más el lugar que ocupaban los vocablos en náhuatl. Los relatos de la tradición oral nahua de la Huasteca se cuentan en el momento en que existe algún motivo que propicia su narración, por ejemplo cuando se camina por el lugar donde ocurrieron ciertos eventos que se quieren recordar. Se transmiten sin ninguna restricción, es decir, en cualquier momento del día o del año y en cualquier situación interpersonal. Sin embargo, la condición más común se da cuando la gente se reúne para trabajar en faena o de “mano vuelta”, cuando está preparando un ritual o una fiesta, o cuando descansa en su casa en compañía de la familia. En estas ocasiones, un narrador, quien normalmente es un hombre mayor, empieza a contar sobre algún evento del pasado después de habérselo solicitado. Con base en sus intereses del momento, su contexto personal y las versiones escuchadas con anterioridad, esta persona recrea un texto nuevo de acuerdo con el canon literario del grupo, el cual consiste en una serie de reglas sobre la composición, las unidades de contenido, y el estilo de su tradición. Los asistentes escuchan la versión, y a la vez la adornan con comentarios, preguntas, o exclamaciones de sorpresa o de conformidad. De esta forma, la historia es reconstruida y revivida entre todos los presentes, y es durante estas sesiones cuando se pueden apreciar todos los detalles de la representación. Es así que en casi todos los hogares de habla náhuatl, uno puede escuchar de los padres de familia o los abuelos el relato sobre cómo nació Chikomexochitl y qué hizo para que tengamos maíz en este mundo. Sin embargo, cada persona cuenta el relato a su manera, según lo que ha escuchado y memorizado y según sea su estilo de narrar. Cada narración es una representación única, que en su forma, contexto y contenido exactos no se podrá repetir. Por tanto, el texto que a continuación se presenta es solamente una de tantas versiones que circulan en la Huasteca. Si esta versión no refleja exactamente el relato como uno lo conoce es porque la persona que narra ha escuchado episodios distintos, porque en el momento de relatar se acordó de unos eventos y no de otros, o porque quería platicar de algunas características de Chikomexochitl y no de otras. CHIKOMEXOCHITL Narrado por: Catalina Hernández Adaptación: Anuschka Van’t Hooft Había un muchacho que estaba en su casa. Su abuela no lo quería ver, ya que ese muchacho hacía muchas cosas. Decían que cantaba, agarraba ramas y hojas de naranjo, hojas de piste, hojas de flores. Y tocaba y hacía una flauta de carrizo. Tocaba y hacía cosas; quebraba un palo y hacía su guitarra o su violín. Y su abuela no lo quería ver. Su abuela se enojaba, lo mandaba a que fuera lejos, que fuera a traer leña, que fuera lejos, que fuera a ver animales, borregos, gallinas.., cualquier cosa que fuera a ver. Luego él iba, pero iba rápido, hacía esa cosa y cuando regresaba seguía igual. Cuando llegaba a su casa hacía muchas cosas, lo que él quería hacer: bailaba, cantaba, quién sabe qué hacía allí. Luego se enojó su abuela y le dijo: −Me molestas mucho, me estás dando dolor de cabeza. Ya no quiero ver que estés aquí. Mejor vete a otro lado, donde tú quieras. Pero el muchacho no se va. No se enoja, solamente se calla y ríe, ríe. Y la abuela ya es muy abuelita, ya no puede andar. Luego ella una vez le dijo y quedó de acuerdo con la acamaya. La anciana fue a verlo, le dijo: −Acamaya, yo voy a mandar a uno de mis nietos que venga. Y aquí, cuando llega mi nieto, lo vas a agarrar y lo vas a comer. Ya no lo vayas a soltar. Mételo debajo de esa piedra, le dijo. Luego la acamaya le dijo a la anciana que sí. Cuando la anciana regresó le dijo a su nieto, le dijo: −Vete, ve a ver a una acamaya, le dijo, Ve a verla donde está, le dijo. Luego se fue, el muchacho se fue, fue a ver que había un abismo de agua profunda. Había allí una gran agua profunda. ¿Cómo atravesar el agua ahora que aquí estaba el abismo? Y al otro lado había puras piedras. No sabía cómo atravesarla. Fue a llamar a una tortuga. Le dijo: −Tortuga, ¡ven!, dijo. Luego emergió la tortuga. Le dijo: −¿Qué quieres Chikomexochitl? Entonces le dijo, le contestó: −A mí me manda mi abuela que vaya a ver a la acamaya. Pero ahora, ¿cómo me iré? Es muchísima esta agua. ¿A poco iré encima del agua? No voy a aguantar atravesar esta agua. −Bueno, no te preocupes, yo te llevaré, le dijo. Entonces la tortuga lo cargó, Chikomexochitl se sentó en la espalda. Y lo llevó, un día lo llevó encima del agua. Entonces fue a llegar. Chikomexochitl le preguntó: −¿Dónde está la acamaya? −Allá está, si quieres te lo enseño, le dijo. La tortuga se fue con él, le fue a enseñar donde estaba esa acamaya. Luego el muchacho le fue a llamar, le fue a decir: −Acamaya, ¿dónde estás?, le dijo. Luego viene, salió. Trae dos tenazas, muy grandes trae sus tenazas. Le dijo: −Aquí estoy. Ahora, Chikomexochitl es inteligente. Agarró, cuando traía su tenaza, agarró una de sus tenazas. Se la agarró bien, le arrancó una de sus tenazas. Luego Chikomexochitl está contento porque había arrancado una de sus tenazas. Allí estaba dos días. Regresó y gritó a la tortuga. Le dijo: −Tortuga, ahora llévame por donde me trajiste. Entonces otra vez subió encima de la tortuga y regresó. La tortuga lo trajo a su casa. Allí en la orilla del río lo fue a dejar. Entonces Chikomexochitl salió, se fue donde estaba su abuela. Se fue, fue a verla. La abuela le dijo: −No te fuiste, le dijo, ¿no te fuiste donde te mandé? Y yo quiero que te vayas. Ya no quiero que estés aquí, le dijo. −¡Pero sí fui abuela!, le dijo. Entonces Chikomexochitl le fue a enseñar la tenaza de la acamaya. −Aquí traigo la tenaza de esa acamaya si no me crees que fui. Entonces se la enseñó. −¿Y cómo lo hiciste?, ¿cómo lo hiciste? ¿Para qué traes la tenaza de la acamaya? Y yo le había hablado a la acamaya, no más la ibas a ver. Y ahora, ¿para qué traes su tenaza? −Pero como ya le quité su tenaza ahora aquí la traigo. −Bueno..., dijo la abuela. Y luego allí está, baila, toca, juega, lo que hace allí. Su abuela sigue igual. Lo manda que vaya lejos a cuidar animales, lo manda a que cuide abejas, lejos lo manda. Chikomexochitl se iba pero no tardaba, como se apuraba. Se iba, pero allá baila, muchas cosas hace. Entonces regresa. Su abuela le dice: −Ahora ve a este lugar, le dice. Ve, vete a este lugar. Ahí vas a ir, ahí llegas donde hay una piedra y ahí te vas a sentar. Y allí vas a amanecer, le dice. No vas a regresar. Vas a regresar hasta mañana. Entonces el muchacho estuvo contento. Se fue donde le había mandado su abuela. Allí llegó, anochece. Había un árbol, ese árbol era grande. Pero el árbol se hizo pequeño. Y de veras se hizo pequeño, no muy grande. Anochece y Chikomexochitl subió arriba en el árbol. Luego el árbol crece grande nuevamente. Y abajo llegaron los hombres malos. Abajo llegaron, Chikomexochitl los vio. Ellos vienen, se juntan, se juntan, quieren comer al muchacho. Pero como Chikomexochitl está arriba no lo pueden comer. Y no lo comieron. Allí está. Amaneció, amaneció y está allí. Entonces cuando amaneció los hombres malos se fueron. Chikomexochitl bajó; el árbol se hizo otra vez pequeño y Chikomexochitl bajó. Fue a ver a su abuela, le dijo: −Llegué, abuela. −No te fuiste donde yo te mandé, y yo te mandé para que fueras”, dijo. “Pero ahora te irás. Entonces la abuela le dio de comer, Chikomexochitl comió. Eran las cuatro de la tarde. Otra vez le mandó, le dijo: −Ahora vete otra vez. Ahora vete con tu abuelo, le dijo. Entonces se fue con su abuelo. Siguió a su abuelo, quien le dijo: −Vámonos, tu abuela dijo que nos fuéramos los dos. Es muy enojona, le dijo. Entonces se fueron. Chikomexochitl siguió a su abuelo. Luego llegaron, anocheció. Otra vez vinieron los hombres malos. Chikomexochitl subió arriba del árbol de nuevo. A su abuelo lo dejó sobre la piedra, donde había una gran piedra. −Tú, siéntate aquí y yo voy a subir allí, le dijo. Yo me voy a ir arriba, le dijo. Y subió, subió. El árbol se hizo grande. Chikomexochitl estaba viendo a su abuelo donde estaba sentado. Entonces empezó a anochecer. Empezaron a venir los hombres malos. Cuando vieron a su abuelo empezaron a comerlo, empezaron a comer a su abuelo. Acabaron con su abuelo, solo quedaron cenizas. Cenizas y sólo dos de sus huesos estaban tirados. Amaneció y Chikomexochitl trajo un hueso y un poco de cenizas. Así fue a ver a su abuela. Le dijo: −Regresé, le dijo. −¿Y tu abuelo? −No sé dónde se haya ido. Aquí traigo uno de sus huesos y un poco de cenizas. Mi abuelo se hizo cenizas. −Y tú, ¿por qué no te quedaste? −Yo no me quedé, no más mi abuelo se quedó. Se enojó su abuela. Le mandó que fuera lejos. Le dijo que fuera a traer leña. Chikomexochitl se fue, fue a traer leña. Llegó de regreso y empezó a bailar, bailar adentro de la casa. Y tocó, cantó el Xochipitsauak. Entonces su abuela le dijo: −Ahora vete otra vez, vete donde te mando. Ya no vas a regresar. Se fue, pero esta vez llevó a su abuela. Su abuela se quedó abajo donde había una piedra. Allí se sentó. Nuevamente Chikomexochitl subió arriba, arriba del árbol estaba. Entonces a la abuela la comieron. Cuando amaneció no estaba su abuela. Sólo puras cenizas quedaron y unos huesos. Chikomexochitl bajó del árbol. Estaba contento y dijo: −Mi abuela ya no quería verme. Ahora ya la comieron también. Ahora sólo sus huesos y su vestido están tirados. Y trajo al vestido y los huesos, los llevó a casa. Entonces allí estaba en su casa. Llegó contento y se hizo de comer. Comió. Cuando terminó de comer empezó a tocar y bailar. Allí empezó a hacer muchas cosas, como ya nadie le mandaba. Él se manda solo, lo que él quería lo hacía. Bailaba, hizo una flauta de carrizo, bonita la flauta. Y así hizo, empezó a tocar y bailar. E hizo un sombrero. Así hizo. Entonces estaba en la casa. Pero Chikomexochitl salió, se fue. Andaba no más en el monte. Ya no está dentro de la casa. Solo en el monte anda, anda, anda, el que hizo la canción que se llama Xochipitsauak. Se acabó. Revista Destiempos. Julio-Agosto 2008. Año 3. Número 15. Publicación Bimestral. México.